Venecia y la celebración de la enseñanza de arquitectura

Compartimos en AAAA el texto escrito para la Fundación Arquia. Accede a la publicación original aquí:

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Decir “Venecia” y pensar “arquitectura” es algo muy común (a veces incluso, empachoso). La Biennale y su cortejo, danza, y feligreses, embrujan durante meses la prensa de arquitectura. Los arquitectos, cada dos años, de primavera a otoño, peregrinan a la isla con forma de pez.

Sin embargo, ésta no es ni mucho menos la única celebración de la arquitectura que recoge la misteriosa y Serenissima Venexia. Si caminamos hacia Zattere, cruzamos callejones más solitarios, y abrimos las puertas de la IUAV, descubriremos una fiesta que reúne desde 2002 a estudiantes y arquitectos de múltiples lugares, trabajando juntos durante dos semanas: W.A.Ve.

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Construye sostenible

You’re scared of going hungry

You harvest more than you grow

You think you need more things

These things, you buy, buy and throw out

You scared of earning less

Than your neighbor or your dad

You think you need more jewels

More jewels and gold to be glad

How much do you need?

Say, how much more?

How much do you need?

What’s all this for?

Help me to get this

You think you need more money

So you work day and night

You think you lack affection

You spread your love out

You think you need more space

So you got yourself a bigger home

You think you need more freedom

With freedom, you’ll end up alone

How much do you need?

Say, how much more?

How much do you need?

What’s all this for?

Help me to get this

Fedrika Stahl, Demain

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[1] Sharma Springs, Bali © Ibuku Bambo

Compartir un mate, dormir bajo las estrellas, recorrer un país pedaleando y otro a dedo, bailarle al fuego, pisar bosques, prados, dunas, desiertos… La raíz de las inquietudes que me invaden cada mañana son esas experiencias vividas. Ellas han establecido unas leyes para mí supremas: las naturales (la necesidad de proteger la Tierra, sus recursos y regalos) y las humanas (la libertad, los derechos humanos, la independencia y la democracia). Una ingeniera no puede sino preguntarse “¿cómo armonizar mi profesión con ese aprendizaje vital?”

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Libérons la ville. Construisons la ville / Réflexions sur La Ville Captive

Situons-nous dans un désert hors du temps. Les hautes dunesinvitent l’œil humain à regarder vers le ciel, vers un abîme azur dont la seule contemplation produit des vertiges nauséeux. Dans l’immensité, un hors-la-loi trace sa route tandis qu’il traîne des pieds. Jusqu’où? Puisqu’il ne fuit pas, il ne s’échappe pas, vers un idéal rigide. «Tôt ou tard je voudrai m’en échapper», se répète-t-il. Non. Le hors-la-loi médite, alors qu’il contemple les deux bandes d’horizon, sans savoir bien vers laquelle des deux pointe la boussole. Dans son dernier souffle, il enterre les genoux dans le sable, les bras tendus vers le ciel. Il veut se fondre dans l’azur, il veut connaître, il veut prétendrearriver à rejoindre les deux immensités. Alors qu’il se sent englouti par le sable, des ailes invisibles l’élèvent. Le triomphe, d’une part, du néant qui s’ouvre sur son chemin, supposerait un enfer infini. Le triomphe du ciel, de ce tout qu’il lui reste à atteindre et qu’il n’arrive pas même à effleurer, bien qu’il agite les doigts en l’air, supposerait quant à lui son annihilation en tant qu’être humain.

Le soleil commença à se coucher, comme si pendant un instant il unissait les deux réalités, un ciel et un enfer, teintant toute chose de la couleur du feu. Le hors-la-loi voulait être ce feu, il voulait le rendre sien, et à partir de là, arriver à intégrer les différentes parties, les deux bandes qui s’ouvraient devant ses yeux et à l’intérieur de lui. Revenu à lui-même, il décida de créer un monde pour lui, un monde à sa mesure. Et, au beau milieu de l’abîme, Caïn fonda la ville d’Hénoch…

Euxseulsunissent le ciel et la terre. © Gemma Manz

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Ahogar, dulce ahogar

Era el tiempo tan grande que me dolía incluso en sueños aguantar mi peso.

Dicen que hay dos memorias en cada una de nosotras, una es la que se queda en lo que queda y otra, la que habita en el olfato. Siempre supe que mi piel, mampostería de recuerdos, añoraba ser defensa y sustento; pero me costó entender que en lo humano también hay restos que aplastan a los hombres sin saberlo.

Incluso antes de estar completa, cuando me estaban levantando con esfuerzo y paciencia, sentía la alegría de vivir llena. Mi corazón ordenaba su caos, su experimento me hacía latir con más fuerza. Era algo etéreo, un huracán almacenado entre tierra y teja que nos sacudía sin movernos y nos devolvía siempre a nuestro centro. Felicidad contenida en siglos o segundos eternos.

Simbiosis aplastante que se deslizaba con sigilo, sin negociar costuras ni dobleces. Hasta que llegó el momento de elegir, barrer debajo de la alfombra o acumular en las esquinas. Y al final, ¿el final?

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Espacios excluyentes / Mujeres y violencia espacial

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Ilustración 1 Cartel regulador del acceso al templo Omine en Japón. Foto propiedad de Wikipedia.

“No se admiten mujeres. La regulación de esta montaña sagrada prohíbe la escalada a cualquier mujer más allá de esta puerta, de acuerdo con la tradición religiosa”.

Así de tajante y sin opción a replica se niega la entrada a cualquier persona del sexo femenino en el monte Omine, espacio sagrado sintoísta en Japón, que también es Patrimonio de la Humanidad desde 2004. Además, esta religión tampoco permite la admisión en ninguno de sus templos a mujeres menstruantes. ¿Cuál es la razón? Mantener la castidad y concentración de los monjes que han prometido mantener el celibato y a los cuales la presencia femenina puede desconcentrar de su retiro espiritual.

Hoy en día podemos encontrar más ejemplos de este tipo de prohibiciones.

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