Carta: El folio en blanco

Hay quien dice “Qué difícil es sentarse frente a un folio en blanco.”

Lo siento, pero no tienen ni idea. El folio no escribe, el folio no dibuja… el folio no piensa. Eres tú, amigo, y eres tú, amiga. Pero eres Tú. Eres tú y, en muy alto porcentaje, tu pasado. Y tu pasado, como tu presente y como tu futuro, y como dijo aquél, eres tú y tus circunstancias.

Y tu pasado y tú sois tus influencias y, por pocas que parezcan, son más de las que crees. Son tangibles, son cercanas, pero también son etéreas y lejanas. Las conoces, sí, pero no por ello las recuerdas. No todas. Porque el subconsciente funciona.

Ana Chao Gersol

Ana Chao Gersol

Has tenido maestros. Mejores y peores, elegidos e impuestos, útiles e innecesarios, pero de todos, créeme, has aprendido. Incluso aprenderás, y quizás más, de aquellos de los que tú te consideres su maestro. Y el pasado es el mayor maestro. No es por filosofar, es por evidencia. Porque tu aprendizaje está en tu presente desde tu pasado. Y el subconsciente guarda lo que no crees recordar, pero de él surge todo. Tus proyectos no caen del cielo, salen de tu armario de referencias.

Porque inspirarse es, poco más que menos: copiar. Adaptándolo a tus querencias, ocultando tus carencias. Firmándolo con un sello no invisible pero indefinible. Y si logras eso, que tus ideas sean el filtro de tus principios exprimiendo otras, estarás en el buen camino.

No en la meta, porque eso, en cierto modo, es llegar al fin. Sería, al menos por etimología, haber acabado. Estar acabado. No es quedarte sin folios, es quedarte con el verdadero folio en blanco que debe asustarte: la mente en blanco. Cuando ya lo has dicho todo, y no tienes ya nada nuevo que aportar.

Texto: Pablo Abad Fernández / Fotografía: Ana Chao Gersol  / Escrito originalmente para the AAAA magazine / Cita: Pablo Abad Fernández, “El folio en blanco” / Fecha 16 ene 2015

3 pensamientos en “Carta: El folio en blanco

  1. Interesante reflexión, aunque creo que deja de lado su “yang”: precisamente, la mente en blanco, la no-condición, la ausencia de precedentes, de prejuicios, incluso de conocimientos.

    No podría dejar de lado la mente de un niño chico frente al papel en blanco, libre de todo, de métodos, de metas, el hecho por el hecho. La imaginación.

    La imaginación parte realmente de una mente en blanco para llenar de color y de libertad. No podría sentenciar con la mano sobre la mesa diciendo que ‘no se tiene nada que aportar’. Como casi todo en la vida, hay un equilibrio indefinido en medio de ambas visiones.

    ¿Cuál es? Seguiremos buscando 🙂

    • Totalmente de acuerdo. Tengo una gran envidia sana por ese niño sin condicionantes (y muchas veces ni edad de niño). Supongo que todo genio es más niño – y libre – que el resto de la humanidad. Quizá ellos no ven el folio en blanco, lo ven lleno ya de color.

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