No soy un número [Estrategias de proyecto underground]

©Nuria Prieto

©Nuria Prieto

“- ¿Quién es usted?
–  Soy número 2
– ¿Quién es el número 1?
– Usted es el número 6
– No soy un número, soy un hombre libre” [i]

En 1967, unos inflables perseguían a El Prisionero, serie británica de televisión de ciencia ficción, en su fuga de ‘La Villa’. Estos extraños globos, inspirados en los globos sonda militares comenzaban a formar parte de una estética y de un lenguaje innovador a finales de los años sesenta.  De repente una estética ajena a lo académico comenzaba a asomar desde el mundo underground a la superficie. Nacía el trip arquitectónico.

Entender la vida como un conjunto de viajes, como decía Allen Ginsberg “no alardees, que tu experiencia sea tuya, entiéndela como un regalo”, suponía la quiebra o concepción tradicional de las formas de vida convencionales: “The american way of life, what ever happened to that?” (Goodman, 1970). Ahora el habitante de la arquitectura era un ser nómada, los strangers como los define Camus, un personaje lleno de inquietudes que por fin podría resolver gracias a la revolución cultural que proponía el movimiento underground o la subcultura hip-type futurist (Hedgepeth, 1970).

Ya no quedaba nada en la superficie, todo era rígido, vacío, carente de ilusión y emoción en la arquitectura, el pensamiento revolucionario en términos culturales hacía pensar que quizás había que excavar, bajo tierra y extraer esa actividad escondida, ese grupo de inquietudes o pequeños hormigueos, y así surgió el estudio americano Ant Farm. Una respuesta a la rigidez académica desde una propuesta radical que ejemplifica el movimiento arquitectónico underground internacional de la década de los setenta. “Would our culture be so rigid today if early school designers had been hip to living spaces like domes and inflatables?” (Scott, 2010)

Las propuestas surgidas de la respuesta revolucionaria a la arquitectura académica llevan al ingenio de nuevas herramientas y estrategias de proyecto, controvertidas y radicales, pero que permiten avanzar a nivel conceptual y cargar de nuevo de ilusión a una disciplina en declive pre-postmoderno y brutalista. La dificultad de la radicalización proyectual tenía su base en la libertad, entendida desde el inicio del proyecto hasta la actitud del cliente, el nómada contemporáneo.

“Nadie sale de la Villa” le decían al prisionero cuando intentaba escapar, sin embargo Baer, en 1966 proponía que la arquitectura autoconstruida proporcionaba las “herramientas, para casi salir de esta prisión” [ii]. Autoconstrucción, arquitectura inflable, eventos concebidos como arquitectura, estados de conciencia alterados como herramienta para proyectar…una radicalización pretendida para llegar al límite de los conceptos y así avanzar en las estrategias proyectuales y espaciales. “Huye. Huye y conoce lo inóspito” (Ginsberg, 1968)

Esta nueva arquitectura que apenas trascendió marcó una diferencia con respecto al academicismo, y de alguna manera fue una crítica satírica (Guerrilla Television, creada por Ant Farm, planteaba la difusión de programación de carácter sarcástico al margen del mass-media). A pesar de ello tuvo una actividad  intensa en muchos países y demostró que frente a la rigidez y  la involución están la revolución, la evolución y, sobretodo, otras formas de pensar.

La cultura underground volvió a su posición latente con el paso del tiempo. Pero volvemos a estar en uno de esos momentos de desilusión, de una juventud revolucionaria de intenciones, de un sistema rígido y grave. Así que quizás volvamos a mover los brazos, a excavar y a retomar esa arquitectura del cambio y la impermanencia que el hombre construía para el hombre con sus propias manos.

[i] Diálogo extraído de la serie El prisionero serie de televisión de ciencia ficción del Reino Unido (1967) protagonizada por Patrick McGoohan. Fue ideada por el mismo Patrick McGoohan y George Markstein, y producida por la ITC Entertainmentde Sir Lew Grade para su emisión por la ITV.

[ii] La frase es el slogan de la publicación The Cookbook, de Steve Baer, 1966, que proporcionaba las instrucciones necesarias para autoconstruir una cúpula geodésica.

Texto: Nuria Prieto / Ilustración: Nuria Prieto  / Escrito originalmente para AAAA Magazine /  Fecha 13 de Abril de 2015

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