La calle: el sentido de su historia [Parte 1]

Bienvenidos a “Ideas seleccionadas”, subsección de “Fragmentos” donde buscaremos reflexiones escritas merecedoras de ser puestas sobre la mesa. Textos de autores tanto clásicos como contemporáneos capaces de generar un debate actual, que no podríamos transcribir directamente. Aparecerán siempre acompañados de una pequeña introducción y una conclusión propia, con el ánimo de pasaros el testigo a vosotros, lectores, para continuar la conversación. Los criterios de selección serán dos: Primero, textos que aporten ideas claras, contundentes. Segundo, que sean lo suficientemente evocadores como para ser leídos frente a una botella de vino y una tertulia estimulante.

En esta primera ocasión vamos a arrancar con dos fragmentos de “La Calle: el sentido de su historia”, del  historiador de la arquitectura Joseph Rykwert. Rykwert, nacido en Polonia en 1926 y formado como arquitecto entre la Bartlett School of Architecture y la Architectural Association, es mundialmente conocido por libros como “La casa de Adán en el paraíso” o “La idea de ciudad: antropología de la forma urbana en el mundo antiguo.” En estos libros, Rykwert se distingue por poner en duda la historiografía y buscar el origen de las cosas. De las palabras, de las costumbres, de las formas, de las ciudades, de la arquitectura…

En “La calle: el sentido de su historia”, se aplica esta misma lógica a la calle. ¿Cómo se supone que es una calle? ¿Qué se espera de ella? ¿Cuál es su esencia? ¿Cuál su origen?

Carnac, Bretaña. Alineaciones megalíticas. La disposición procesional de las piedras sugiere motivaciones ceremoniales. (Oficina Gubernamental de Turismo Francés, nº P653.).

Carnac, Bretaña. Alineaciones megalíticas. La disposición procesional de las piedras sugiere motivaciones ceremoniales. (Oficina Gubernamental de Turismo Francés, nº P653.).

Durante casi un siglo, la calle se ha visto constantemente atacada desde diferentes perspectivas: los diseñadores de Siedlungen y ciudades-jardín, los modernos maestros del CIAM, los arquitectos municipales y los de la seguridad social de los países anglosajones y escandinavos han intentado postular formas de asentamiento urbano en las que la calle estuviera desprovista de la función que tuvo en el pasado, o enfocada tan analíticamente que dejara de existir.

[…] Tanto la tecnología de la construcción como la del transporte tuvieron su efecto transformador en aquella [la calle]. Por consiguiente, quienquiera que se ocupe del desarrollo de la calle debe postular modelos para el futuro desarrollo de patrones de ciudad, tanto como de calles. Un programa de renovación urbana que sólo sea un paliativo para la patología de las calles es inadecuado en la situación actual. El urbanista debe contemplar la presión que desea ejercer en el ejercicio tecnológico en términos de su propia visión del futuro más deseable para la ciudad.

[…] En este punto, me gustaría examinar qué es o qué se espera de la calle. Las propias palabras que empleamos para describirla revelan parte de nuestras expectativas, ya que la calle es el movimiento urbano institucionalizado. Un individuo puede abrir una senda en el bosque, pero si no es seguido por otros, su senda nunca será camino o calle, porque el camino y la calle son instituciones sociales, y es su aceptación por la comunidad lo que les da el nombre y la función que aquí nos ocupan. Las dos palabras que usamos con más frecuencia, en inglés, indican una polaridad. La palabra Street deriva del latín sternere, pavimentar, y así se relaciona con todas las palabras derivadas del latín con la raíz str, que se refieren a edificación y a construcción. Sugiere que una superficie se distingue de su entorno en alguna forma física, al menos ideal. Se la encuentra también en muchos idiomas europeos: la strada italiana por ejemplo, y la Strasse alemana sugieren una superficie apartada para uso público, que puede incluir espacios con simples demarcaciones, sin una conexión necesaria con las demás calles. Por lo tanto, no necesariamente lleva a ninguna parte, sino que puede terminar en una plaza o en un callejón sin salida.

Road, por otra parte, sugiere movimiento hacia un destino y también el transporte de gentes y bienes a pie, con animales de carga o vehículos. Su raíz anglosajona es ride (el ridan del inglés antiguo) y denota paso de un sitio a otro. En este sentido, es idéntica a la palabra francesa rue, via en latín e italiano, que se relaciona con la palabra latina ire y deriva de la palabra indoeuropea que significa traer o conducir (el vahâmi, sánscrito, del que derivan también veho, Wagen y waggon), es exactamente análoga a road y rue.

Biskupin, Polonia. Restos de un rompeolas, murallas, casas y camino circular de múltiples vías, y calles que se cruzan en un poblado de comienzos de la Edad del Hierro. Excavaciones realizadas por los Profesores J. Kostrewski y Z. Rajewski (Z. Rajewski, Director, Museo Arqueológico Estatal, Varsovia).

Biskupin, Polonia. Restos de un rompeolas, murallas, casas y camino circular de múltiples vías, y calles que se cruzan en un poblado de comienzos de la Edad del Hierro. Excavaciones realizadas por los Profesores J. Kostrewski y Z. Rajewski (Z. Rajewski, Director, Museo Arqueológico Estatal, Varsovia).

Como hemos visto, el planteamiento crítico de Ryktwert no es directo. En este caso no se ataca al CIAM como interlocutor, sino que se pone sobre la mesa una línea de reflexión que es normalmente dejada de lado por el mismo: La de la Historia Crítica. ¿Cómo podemos pensar sobre la “nueva calle” o la “calle contemporánea” si ni siquiera sabemos lo que es la “calle”? ¿Cómo de fiable es lo que nos han contado sobre ella? ¿Existe una idea de calle más allá de la que nos ofrece la historiografía oficial, es decir, la simple sucesión de calles a lo largo de la Historia?

Ryktwert arranca su enfrentamiento a estas preguntas con un análisis semántico en lengua inglesa: ¿Por qué llamamos calle a la calle? Las palabras street y road apuntan hacia una diferenciación entre la forma construida de la calle o su papel dentro de una estructura urbana, y el acuerdo social que  la precede. Para que una calle exista como tal, antes debe ser recorrida, institucionalizada como recorrido. Literalmente: “Caminante no hay camino”.

Se suele decir que las buenas respuestas son las que generan más preguntas. Si el origen de la calle está en un acuerdo social, ¿dónde esta el origen del acuerdo? ¿Por qué ponernos de acuerdo para caminar por los mismos lugares? Rykwert lo responde en este mismo texto.

[Si quieren averiguarlo, los Bibliófilos pueden buscar el libro “On Street” editado por Stanford Anderson. Los blogueros, pueden esperar a la semana que viene (guiño)].

La calle: el sentido de su historia. Joseph Ryktwert, 1978. Capítulo de On Street, Stanford Anderson [ed.], MIT Press, Massachusets. Traducción de Eduard Mira, Cristina Holm y Gonçal Zaragoza. Gustavo Gili, Barcelona, 1981.

2 pensamientos en “La calle: el sentido de su historia [Parte 1]

  1. El origen del contatro social es un mito, la ensoñación de que hubo un inicio antes del cual reinaba cierta forma de pureza. La calle, como historia, es un relato de caminantes fabulosos que emprenden rutas lejanas, cercanos al terreno como hemos dejado de estarlo en el ferrocarril y el automóvil. Es una épica, y quizá una utopía inversa, la edad dorada, que también se dice. No creo que seamos una sociedad históricamente corrompida después de aquella pureza original, sino un conjunto de pequeños conflictos diarios que deben ser resueltos, renegociados, en cada ocasión. El origen está siempre entre nosotros, somos sus responsables más inmediatos. Preguntarse por la historia siempre es clarificador, pero al final somos nosotros quienes debemos responder.

    • Efectivamente es una épica, un conjunto de mitos, historias “falsas” que nos posicionan sobre el mundo, que ordenan el mundo, cosmogonías. El mito puede ser religioso, puede ser espiritual, tecnológico… pero no me cabe duda de que estamos hechos de mitos, de ideas inventadas/construidas que nos hacen acercarnos a las cosas de uno u otro modo.

      Lo que me resulta refrescante de Rykwert es que no da recetas ni soluciones. No dice “para diseñar calles hay que hacer acuerdos sociales y luego ya si eso pensamos cómo construirlas”. El se dedica a poner todo en duda, a buscar orígenes que no suelen ser como exactamente nos los imaginábamos, lo cual nos hace dudar sobre el presente, sobre el CIAM del que habla Rykwert..

      Creo que desechar certezas es un ejercicio muy sano.

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