El Maestro

Compartimos en AAAA nuestro texto escrito para la Fundación Arquia. Accede a la publicación original aquí:

Pai Mei. Fotograma de Kill Bill 2.

Pai Mei. Fotograma de Kill Bill 2.

Últimamente veo a menudo escrita la palabra ‘maestro’ como apellido de algunos arquitectos. Eso me hizo preguntarme por el concepto de ‘maestro’, y buscar ejemplos aquí y allá. Así, vi muchas pelis de artes marciales, leí libros de filósofos, e incluso algunos fragmentos de leyendas, o pasajes de la Biblia. Quería saber qué tenían en común, a lo largo de la historia y la literatura, del cine y el pensamiento, los maestros. Y entonces, podría pensar cómo aplicarlo a un arquitecto.

Un maestro primero tiene que haber tenido una trayectoria, desde aprendizajes duros, hasta el perfeccionamiento más absoluto. Entonces, casi asemejando la maestría con la vejez, o simplemente, la iluminación, un maestro puede transmitir sus enseñanzas. Para mí, esa iluminación no tiene nada que ver con la vejez, pero sí con el poso de los años, en los que se ha tenido que fraguar una virtud: la integridad. La integridad es la única manera de dar ejemplo, y todos sabemos, que para dar una enseñanza, antes hay que dar ejemplo. Integridad a lo largo de los años, no corromperse, mantener la esencia. Sin integridad, no hay lecciones que dar.

El maestro es capaz de volcar su saber de años en una sociedad presente, cambiante, distinta de aquella que conoció en el largo camino hasta el conocimiento que ahora posee. Porque todo es impermanente y ninguna enseñanza pervive si sólo se puede aplicar en un contexto que no existe.

Pero, por supuesto, el maestro valora su pasado, y a los que estuvieron antes, igual que valora el futuro y las generaciones que vienen, pues de ellos será el tiempo allende.

El maestro es un sabio, pero al mismo tiempo es humilde, y no necesita de la idolatría, ni le consume el ego, ni se pierde en un discurso superficial, ni tergiversa y vuelve fútil la realidad.

El maestro es honesto, y sus enseñanzas pueden venir a través de la palabra, o de los hechos, pero siempre, con transparencia: palabra sin discurso sermoneador, hechos sin maquillaje de la realidad. Porque el maestro es un gran observador, y no se ciega por banalidades ni aguarda opiniones.

El maestro es un sabio, pero no considera a los demás ignorantes. El maestro no tiene seguidores, sino el profeta. El maestro tiene aprendices. El maestro con sus aprendices puede ser duro, estricto o exigente, pero al mismo tiempo es paciente, porque, realmente, lo que hace es poner su tiempo, como un servicio real a los demás. El maestro no es un maestro para que lo llamen maestro.

En las escuelas de arquitectura se está formando otra generación. En las lecturas de revistas, blogs, bitácoras, twitters y tumblrs. Nos estamos formando aprendices observadores y generadores, nacidos durante una crisis económica, durante un cambio de paradigma, sensibles a una sociedad más global, a un usuario que no es llamado sólo cliente, a una naturaleza que no es sólo entorno.

Tenemos profesores y maestros, arquitectos estrella y estrellados, arquitecturas humildes y sabias o pretenciosas y desubicadas. Tenemos a muchos, muchos ‘viejos maestros’ ciegos a todo ello, que se desmoronan ante nuestros ojos porque parecen no conocer el mundo, ni la profesión, de hoy.

Un arquitecto nunca debe considerarse por encima de la sociedad ni de su profesión, ni de los aprendices para los que se transmite el legado, por muchos años que cumpla. Igual que el CTE es para todos, la ética e integridad, también.

Hay arquitectos que nunca tuvieron que dar un sermón sobre qué es buena arquitectura, qué es un buen arquitecto, sin banderas ni ejemplos autorreferentes. Su obra hablaba por sí misma, sus alumnos aprendían de la potencia de sus palabras, y los que no eran sus alumnos, por los susurros que su presencia dejaba en el aire. Hay arquitecturas que nunca tuvieron que ser explicadas para ser comprendidas, y arquitectos que nunca tuvieron que ser elogiados para causar admiración. Por eso, cuando se está ante un maestro real, el aprendiz lo sabe, y simplemente, calla.

– Dedicado a Antonio Jiménez Torrecillas, un maestro humilde, prudente, y eterno –

Texto: Ana Asensio Rodríguez / Fotografía: Info pie de foto / Escrito originalmente para Fundación Caja de Arquitectos – Arquia / Cita: Asensio, Ana: ‘El Maestro’ / Fecha 23 sept 2015