¡Este sitio agobia! / Arquitectura y Neurociencia

¿Alguna vez has cenado en un restaurante en el que tienes que hablar a gritos para que la persona que está sentada a menos de un metro de ti te pase la ensalada?

Son muchas las veces que, en espacios públicos, habitualmente cerrados, tenemos que modificar nuestro comportamiento habitual por las condiciones espaciales. Si en el proceso del diseño del restaurante se tuviesen en cuenta las cualidades acústicas del espacio, por ejemplo, colocando algún material absorbente en el techo (como una tela o material poroso, a poder ser, perforado) no haría falta elevar el volumen de la voz para dirigirse a los comensales que nos acompañen.

Restaurante Yakitoro, Calle Reina 41, Madrid Estudio Picado de Blas, 2014. Perfecto ejemplo de acondicionamiento acústico.

Restaurante Yakitoro, Calle Reina 41, Madrid Estudio Picado de Blas, 2014. Perfecto ejemplo de acondicionamiento acústico.

Una explicación más sólida del suceso del restaurante, comienza por comprender que la respuesta que los humanos mostramos hacia la arquitectura se asienta generalmente sobre emociones a priori subjetivas como “Me gusta este espacio porque es muy amplio”, o “No me gusta esta oficina porque no tiene luz natural”. Pero detrás de estas respuestas emocionales hay una base científica que las explica. Varios equipos de neurocientíficos han demostrado que en el momento en el que nos adentramos en un espacio se desencadenan una serie de actividades en nuestro cerebro que afectan a nuestras emociones, nuestra salud e incluso al desarrollo de nuestra memoria.

Gracias al colectivo ANFA (Academy of Neuroscience for Architecture), fundado en 2003 en California, se está dando a conocer el creciente interés que profesionales de estos dos campos comparten, sobre la forma en la que a arquitectura puede influir en los mecanismos que el cerebro tiene para procesar información.

Los investigadores  de ANFA (arquitectos, neurocientíficos, biólogos y psicólogos del comportamiento, entre otros) estudian las intersecciones entre la arquitectura y el cerebro. Discuten cómo mejorar el diseño de las habitaciones utilizadas en sesiones terapéuticas con pacientes con crisis post-traumáticas, cómo utilizar la realidad virtual para modificar estados de ánimo, o cómo el mapeo espacial de cerebro ha podido influir en el diseño ortogonal de las ciudades.

Celda del proyecto de Alexander Schauss basado en los estudios de Max Loucher, 1970, contado en el libro Drunk Pink Tank de Adam Alter. 2013

Celda del proyecto de Alexander Schauss basado en los estudios de Max Loucher, 1970, contado en el libro Drunk Pink Tank de Adam Alter. 2013

Por la reciente aparición de este equipo de investigadores, los trabajos que se están realizando hasta el momento tienen más contenido teórico que práctico, por lo que, desde ANFA, lanzan algunas pautas a tener en cuenta por los diseñadores:

La continuidad espacio-mente

El espacio está íntegramente relacionado con la formación de los recuerdos (o la memoria). Nuestro cerebro tiene unas neuronas en el hipocampo – región que controla la formación de recuerdos localizada en la base del cerebro – que emiten patrones de actividad en respuesta al espacio en el que nos encontremos. Son estímulos que cambian según nuestra localización en el espacio, cuando cambiamos la posición de nuestra cabeza, cuando nos movemos a diferente velocidad o cuando regresamos a un espacio conocido. Según Jill Leutgeb, neurobióloga de la Universidad de California en San Diego (UCSD), estas neuronas “ayudan a la construcción de nuestra visión del mundo exterior”.

Casa de vidrio por Lina Bo Bardi, São Paulo 1949-1951

Casa de vidrio por Lina Bo Bardi, São Paulo 1949-1951

Todos nuestros sentidos están relacionados o son influidos por los atributos físicos de la arquitectura – luz, sonido, texturas y la familiaridad con los espacios – los cuales cambian constantemente, afectando a nuestra experimentación espacial, estado mental y memoria. Mientras que el impacto de estos estímulos sensitivos pueden afectarnos y hacen que emitamos una respuesta inmediatamente (hablando más alto en el ejemplo del restaurante o provocando que nos guste más un espacio amplio con luz natural que otro cerrado con luz artificial), otras veces pueden afectarnos en comportamientos a largo plazo, como al no recordar lo que estudiábamos en un aula llena de objetos estimulantes que constantemente distrajeron nuestra atención, o aunando el sonido del afilador con la imagen de la bicicleta llegando por nuestra calle.

Los desafíos de lo distinto

El profesor David Salmon, de la UCSD, explicó en su conferencia para la ANFA en Septiembre de 2014 cómo las personas con demencia senil y/o Alzheimer, a menudo encuentran dificultades para identificar objetos de la vida diaria que hayan sido ligeramente modificados, como un pomo de una puerta con un diseño distinto al habitual. Cuando se diseñen espacios para personas con este tipo de afecciones, los arquitectos debemos darnos cuenta de que cada detalle puede ser un potencial punto de bloqueo mental para el usuario, causando una respuesta de estrés, confusión o desorientación.

Estantería diseñada por Ettore Sottsass, Italia, 1980

Estantería diseñada por Ettore Sottsass, Italia, 1980

En lo que a procesar espacio se refiere, el sentido más relevante es la visión, de la que extraemos hasta el 80% de la información que utilizamos para entender el mundo que nos rodea. Es importante destacar la habilidad para coordinar la información que nos llega a través de los sentidos para, por ejemplo, saber qué estímulo visual emite qué sonido.

En relación a este último apunte, hay que tomar consciencia de que la esperanza de vida aumenta, pero en contraposición nuestros sentidos pierden sus capacidades, así que, desde la arquitectura, debemos plantearnos cómo proyectar espacios que complementen estas carencias sensitivas.

Un ejemplo de esto es la utilización de simetrías para facilitar la comprensión del espacio, como muestra Audrey Lustig Michal en sus estudios post-doctorales sobre inteligencia espacial (Northwestern University).

Dibujo del holandés Gerrit Rietveld, silla Roja y Azul

Dibujo del holandés Gerrit Rietveld, silla Roja y Azul

¿Porqué necesitamos luz?

La importancia de la luz en cualquier espacio ha sido demostrada en muchas ocasiones, partiendo de la base que la luz natural es vital por razones fisiológicas, como explica el profesor Satchidananda Panda, del Salk Institute de La Jolla.

Determinadas carencias de luz natural pueden afectar a los patrones del sueño y, por lo tanto, del comportamiento. Exponerse a unos 2000 luxes de luz de 30 a 60 minutos al día puede contrarrestar posibles depresiones estacionales. En el año 2012 el equipo del profesor Panda junto con un miembro de ANFA, Frederick Marks, llevaron a cabo un experimento en el que medían los niveles de luz natural en una selección de espacio arquitectónicos entre los que se encontraron la Gamble House, de estilo arts and crafts americano, y la Case Study House #21, de Pierre Koening.

Gamble House, por Greene&Greene, Pasadena, California, 1908

Gamble House, por Greene&Greene, Pasadena, California, 1908

CSH#21, por Pierre Koening, LA California, 1959

CSH#21, por Pierre Koening, LA California, 1959

En estos experimentos midieron entre 10 y 50 luxes en las habitaciones y sala de estar de la Gamble House durante el día, sólo durante una hora los niveles de luz superaban los 100 luxes. En contraste, en la Case Study House diseñada por Koening para el psicólogo Walter Bailey y su mujer Mary,  los niveles de luz alcanzaban una media de 800 luxes durante el día, con unas 7 horas diarias en las que lo niveles podían sobre pasar los 1000 luxes.

Gamble House, interior.

Gamble House, interior.

Case Study House #21, interior.

Case Study House #21, interior.

Aunque Panda y Mark no hayan publicado comentarios respecto a la felicidad de los habitantes que vivieron en estos edificios, su estudio ilustra que incluso obras de arquitectura de renombre pueden haberse quedado cortas en lo que nuestra salud psicológica se refiere.

Quizá, como resumen a este acercamiento a las relaciones entre el cerebro y el espacio, merezca la pena plantearse el gran desconocimiento que hay entre la arquitectura y cómo la gente piensa y aprende. ¿Cómo puede la arquitectura trabajar a favor de una mejor educación? ¿Cómo podemos diseñar espacios en los nos sea más atractivo escuchar que observar? ¿Qué puntos de la iluminación o de la acústica hay que considerar en los diseños de centros educativos o sitios de trabajo? ¿Sería lícito utilizar estos conocimientos para modificar el comportamiento humano?

Salk Institute, Lous Kahn, La Jolla, California, 1960.

Salk Institute, Lous Kahn, La Jolla, California, 1960.

El objetivo no es encontrar respuestas a estas preguntas sino, trabajar en el mundo del diseño para mantener los cerebros bien alimentados y que las experiencias sensoriales sean nuestro disfrute, para que nuevos tipos de arquitectura beneficien a las personas que todavía están por venir.

Texto: Nuki Nuk / Fotografía: Info en el pie de foto/ Escrito originalmente para AAAA Magazine / Cita: Nuki Nuk, “¡Este sitio agobia! / Arquitectura y Neurociencia” / Fecha 05 nov 2015

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