Espacios arquitectónicos en el cine / ¿Cómo y por qué se eligen?

Big Ben

Big Ben

La Torre Eiffel, La Gran Muralla, El Taj Mahal, La Estatua de la Libertad, el Cristo Redentor, El Big Ben, El Macchu Picchu, La Torre de Pisa y el Burj Al Arab. Todas éstas son construcciones de alto nivel icónico que nos depositan instantáneamente en su país de implantación. También están aquellas que nos adentran aún más geográficamente: la Casa Milà, la Biblioteca Central de Seattle, los museos Guggenheim, el Centro Pompidou, el Caixaforum, el Congreso Nacional Brasileño y el Ayuntamiento de Saynatsalo por nombrar algunos. Mientras uno se transforma en arquitecto incrementa sensiblemente la capacidad para ubicarse en tiempo y espacio mediante la imagen de urbanizaciones o de arquitecturas.

¿Qué sucede en el plano cinematográfico? ¿Qué sensaciones causa poder reconocer obras arquitectónicas y urbanizaciones dentro de una película? El espectador se enfrenta al filme y mientras congenia con la trama, se aclimata con las locaciones seleccionadas para filmar. Es aquí que surgen dos realidades: Por un lado, la del arquitecto, apto para identificar ciertos edificios. Por otro lado el “no-arquitecto”, que probablemente desconozca una obra de renombre empleada como escenografía, así como, en consecuencia, su ubicación.

Dadas estas dos realidades, ¿Qué elementos juegan para la industria cinematográfica en el momento de escoger una obra de arquitectura para convertirla en locación?

Saynatsalo

Saynatsalo

Por un lado, el espacio fílmico per se, es decir, la utilidad que brinda la construcción al director para rodar escenas en particular. Como ejemplo, la Casa Curuchet en la ciudad de La Plata (Argentina), diseñada por Le Corbusier, fue también destinada para filmar gran parte de la cinta El Hombre de al Lado, gracias a la gran iluminación natural y la inmensidad de planos que se pueden lograr en su original volumetría. En este caso también contribuyó la faceta legal/normativa del guión, así como la idiosincrasia del protagonista, un diseñador en la onda habitando una vivienda cool.

Curutchet

Curutchet

Otro elemento es el costo que conlleva filmar directamente en algunos inmuebles. A pesar de que muchos creen que El Resplandor de Kubrick fue filmada en el Timberline Lodge Hotel en Oregon, aquellos híbridos, interminables y alfombrados pasillos se recrearon en estudio gracias a fotografías e ilustraciones del original. Una característica imperceptible. Con seguridad, la diferencia de costos fue un factor determinante.

Un tercer aspecto fundamental que merece un párrafo aparte es el género de la cinta. ¿Cuál es el criterio para la elección de una edificación? En el de terror resulta sencillo: una obra de grandes dimensiones en penumbra y escasamente habitada sirve para crear la atmósfera. En la ciencia ficción se genera la disyuntiva más fuerte: ¿Por qué un director o encargado de locaciones se inclina por una u otra obra para ambientar años venideros? La Ennis House de Frank Loyd Wright fue requerida por Ridley Scott para su aclamada Blade Runner de 1982. Curiosamente una casa de la década del 20’ enmarca la residencia de Rick Deckard en el año 2019. Para agregarle más peculiaridad: la edificación no cuenta con un aspecto de vivienda del futuro, más bien parece evocar algún templo de civilizaciones pasadas.

Ennis House

Ennis House

Un caso similar ocurre en El Dormilón de Woody Allen de 1973. El protagonista despierta en el año 2174 tras 200 años de hibernación. Lógicamente todas las escenografías procuran ser apropiadas para el año en cuestión, pero la que se lleva los aplausos es la Sculptured House del arquitecto Charles Deaton del año 1963. El corte futurista y la singular estructura junto al avance tecnológico ilustrado logran que el espectador la asocie con el futuro sin mayor inconveniente.

El Dormilón

El Dormilón

¿Hasta qué punto es redituable invertir en locaciones reconocidas o reconocibles? Hay una característica que resulta trascendental: existe una palpable retroalimentación entre obra y película. Independientemente del género, guión o director, un filme es capaz de convertir una obra de arquitectura promedio en una obra afamada. Tanto que una obra arquitectónica reconocida puede incrementar el interés sobre una cinta cinematográfica. La balanza de la gratificación podrá inclinarse hacia el lado placentero o hacia el lado económico.

A pesar de que, como dijo Walter Benjamin, vivimos en una era donde todo es reproducible sin mayor impedimento (en el 2009 para Agente Internacional se hizo una réplica del Guggenheim de Nueva York escala 1:1 para rodar un gran tiroteo), esta cualidad no llega a equilibrarse con la satisfacción de llevar a cabo un rodaje en un lugar verdadero, ya que esto contribuye, entre otras cosas, a la conformación de una plena obra maestra.

 

Texto: Andrés Angelero / Fotografía: Info en el pie de página / Escrito originalmente para AAAA magazine / Fecha 7 mar 2016