Piedra y luz

Todos somos ramas del mismo árbol. Todos tenemos oxígeno y carbono, sosiego y movimiento, luz y oscuridad. La diferencia está en lo que mostramos.

Nosotros nos quedamos con la luz. La del final del túnel, la del fondo del pasillo, la que se filtra por las grietas o la de un bosque al acabarse el día.

Sagrada Familia, Barcelona. © Simita Fernández

Sagrada Familia, Barcelona. © Simita Fernández

La decisión se predecía difícil ante una portada tan rotunda como etérea, pero cruzamos la barrera de oscuridad vestidos de forja y ascendimos a una dimensión en la que todos los puntos de nuestro cuerpo olvidaron su centro. Jardín pétreo, viento metálico, techo apuntado. Algunos dirían que no era magia de este mundo, otros solo verían en su existencia un sinsentido. Para los que dimos el paso, vacíos de creencia, el cielo se nos reveló eterno y reconocimos en cada gesto esa fe ciega que impulsa los grandes actos.

Caminamos en cruz, estudiamos el templo, memorizamos cada secreto. Lo recorrimos en espiral y en parábola, guiados por la pasión y el paso firme del que le dedicó una vida. Pero el conjunto no cerraba su propio círculo, estaba escrito a varias manos, caligrafía y flecos sueltos.

“¿Serían algún día las cosas pendientes algo inútil?”, nos preguntamos.

“Observar, sentir, aprender y sonreír. No hay más. Absorbed la atmósfera, fundíos en ella”, nos respondió con un susurro el eco primero.

Como el día y la noche en uno, tal vez la paleta del sol cálido maridase con el frío de luna de la misma manera que un retal es manta en invierno y sombra en verano, o un relevo cambia de compañero de viaje sin cambiar de carrera.

Tal vez preferíamos cultivar el encanto de la duda.

Tal vez ese era el misterio.

Sagrada Familia, Barcelona. © Simita Fernández

Sagrada Familia, Barcelona. © Simita Fernández

Tumbarse en el suelo, oír crecer la hierba, dejar que la niebla nos mueva, ser caracol en la enredadera o paloma en la cornisa. Naturaleza convertida en ángulo y reflejo. El sol pintor generoso. El lienzo de piedra. La luz, obra maestra.

Entonces lo entendimos, habíamos elegido la luz del umbral que separa y al mismo tiempo une lo divino y lo humano.

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Redacción y fotografía: Simita Fernández / Edición: Ana Asensio / Escrito originalmente para AAAA magazine / Fecha:  28 mar 2016