Un problema para explicar la percepción

Desde que comencé a escribir mi tesis sobre el entorno que no vemos, pero que sí percibimos, lo que más me ha llamado la atención descubrir es esto que hoy comparto con vosotros.

Para justificar cómo los sentidos se entrelazan, en el mundo de la neurociencia, se utiliza una teoría ampliamente aceptada (y aplicable a muchos ámbitos); El problema inverso.

Nuestro cerebro, con el objetivo de comprender las cualidades básicas de la visión (tamaño, orientación, brillo y color) y a través de nuestros ojos, toma fragmentos del exterior carentes de información.

Este mecanismo de captar contenido sensorial a través de los ojos (que se complica cuando se combina con los oídos) consiste en que lo que vemos es el resultado de la unión de tres características del entorno visual:

 

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Iluminación Condiciones de intensidad y calidad lumínica.

Reflectancia Viaje de estas ondas de luz con información desde las superficies impactadas hasta nuestra retina.

Transmitancia Proceso mediante el cual las ondas de luz atraviesan la córnea, la pupila, el iris y el humos vítreo, hasta llegar a las células ganglionares en la retina (pasando por los conos y bastones).

La iluminación, la reflectancia y la transmitancia: estos tres parámetros son los que emiten aquello que estimula a la retina.

Con estimulación, y metiéndonos un poco en el mundo de la neurociencia, nos referimos a que los fotones que viajan por la luz, al ser proyectados sobre la retina a través del ojo, hacen que los conos y bastones reciban información y, a través del nervio óptico, se la transmitan al cerebro.

Así, la información que tomamos del exterior puede variar en relación al funcionamiento, cantidad y localización de los conos y bastones, y de cómo éstos se comunica con el cerebro. Algo similar sucede con el tamaño, la distancia y la orientación. Como veremos más adelante, el ojo no puede ni medir, ni localizar ni orientar.

Gracias a que tenemos un par de ojos y un par de orejas (con oídos), nuestro cerebro, rodeado de estos órganos, nos localiza en el espacio para que podamos interactuar.

La razón principal para que los sentidos requieran tanta dedicación cuando estudiamos la percepción en la arquitectura, es que podamos entender que el cerebro visual necesita entender el mundo físico. A través de la arquitectura podemos facilitar que los sentidos accedan a ese mundo mecánico no construido que sujeta el entorno.

Otro punto que hay que tener en cuenta al estudiar la percepción del espacio son las ilusiones. El ojo, como máquina aislada, comete fallos, pero es gracias a ellos, sobrevivimos. El ejemplo más claro se ve con el caso del cuadrado y el rombo.

Si te apetece experimentar, con la espalda recta mirando al frente, observa el rombo a la izquierda, y tras unos segundos gírala hacia la izquierda unos 45º. ¿Qué figura geométrica ves? Ahora, de la misma manera, observa el cuadrado a la derecha y gira la cabeza a 45º ¿Qué figura geométrica ves?

Lo más probable es que el rombo, al girar la cabeza, siga siendo un rombo y con el cuadrado suceda lo mismo. Lo curioso es que estas dos figuras son la misma girada 45º. Entonces, ¿por qué el rombo no se vuelve cuadrado y el cuadrado rombo cuando giramos la cabeza?

Puesto que el ojo, por sí mismo, no puede medir el espacio ni localizar de forma real, el cerebro necesita añadir información extraída de los oídos para completar otro fragmento de la realidad percibida. Gracias a que hechos como el del cuadrado y el rombo no son posibles, cuando nos giramos a coger algo que se nos ha caído debajo de la mesa no se gira todo el espacio.

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Eso es porque gracias a la cóclea, en nuestros oídos, tenemos sensación y sentido del equilibrio y del balance, información que se entrelaza con la que llega a nuestros ojos. Esta superposición de información sensorial, puede ser de nuevo justificada desde el problema inverso.

En los estudios desarrollados por Semir Zeki en su libro Una investigación sobre el arte y el cerebro, lanza esta idea del problema inverso refiriéndose a él como interferencia inconsciente.

Nuestro cerebro sólo entiende señales en combinación, múltiples parámetros variables que dan como fruto lo que percibimos. En resumen, el uso de los sentidos no dejan de ser como cosquillas para mantener el cerebro activo, para que continúe en funcionamiento.

Esto, me lleva a pensar que estamos planteando una manera de resolver la arquitectura con herramientas que diferencian mucho entre estos parámetros. Quizá deberíamos plantearnos versiones combinadas de estos mecanismos de medición.

Los estudios del espacio nos comprometen a acercarnos a la neurociencia, al mundo de la cognición, a los sentidos, a la percepción… y a tantos campos como podamos imaginar. Sus implicaciones en la arquitectura son compartidas por la mayoría de las personas, pero no existen mediciones (quizá ni siquiera herramientas para medirlo) que nos permitan cientificar la percepción. Es ahí donde está la belleza.

Cierro con una frase que he leído esta mañana en el libro de Zeki y me lleva desde entonces rondando la cabeza: “los artistas son neurólogos que estudian el cerebro con técnicas exclusivamente suyas”.

 

Texto: Ana Mombiedro / Articulo escrito originalmente para AAAA magazine / Fecha: 20 ago 2016