Ellas siempre estarán ahí

París. © Pablo Abad

Madame Paris se peinaba a lo garçon. Te echará el humo a la cara y querrás el beso que no va a dar. Sabe más que tú, o eso cree. Ni sí, ni no, ni todo lo contrario. Ha vivido ninguna y mil vidas y presume de ambas cosas. Te perderá en su buhardilla, entre pósters de Moulin Rouge y Chat Noir. Descoloridos, qué irónico. Presumirá de su arte mediocre y vacuo, aguantarás su falsa bohemia recalcitrante de niña burguesa que reniega de pasado y barrio bien, pero no te besará. Estás avisado. Confórmate cuando te saque una foto que más tarde teñirá con rojo pintalabios. Y serás la nueva follie en la colección de su repisa. Con vistas a La Villete, claro.

Ámsterdam. © Pablo Abad

Ámsterdam tenía un secreto: siempre quiso ser su prima Venecia. La elegancia italiana, ya sabes. Cuando descubrió que jamás viviría lo que Venecia vivió, lloró ríos que se volvieron canales. Y decidió cambiar las normas. Se iban a enterar de quién era ella, de dónde estaba. Ámsterdam no quiere amor. Para ella no serás más que algo pasajero, un turista por sus rincones. Te alquilará amor de una noche y te dejará de regalo un recuerdo borroso, pero imborrable. A cambio, tus ganas de dejarte llevar, de dejarte olvidar. Y si dura un minuto, será eterno. Sobrará alcohol, risas y humo. Faltarán poemas, silencios y miradas. Pero ya lo imaginabas, y caes… Y repetirás, claro que repetirás.

Berlín. © Pablo Abad

Berlín es un arcoíris de siete grises. Y es que ella ya estaba rota antes de que llegaras. No te necesitará siempre, pero le calma que estés ahí. Sólo un tiempo. No canses. No esperes importarle. Berlín no confía en nadie porque nunca tuvo en quien confiar. Sus más cercanos le pisaron el corazón y después se lo partieron en dos. Traiciones de las que resurgió con tiritas, sin fronteras, con carácter. Y ahora no sabes por dónde cogerla ni sabe por dónde acogerte. Misterio tras misterio tras cada rincón. Y si te abruma: piérdete en ella con ella, aprendiendo de sus cicatrices.

Friburgo. © Pablo Abad

¿Te acuerdas de Annecy y de Lucerna? ¿De aquel día de Granada? ¿Y de Ferrara y Constanza? No esperabas nada y te dieron todo. Para empezar, seamos sinceros, te dieron la espalda. Pero hay espaldas y espaldas… De un olé para tus adentros. Y recorriendo sus cosquillas te perdieron por sus callejones hasta que te mareaste buscando aire, una salida. Y fue todo tan rápido que pensabas que no te estaba dando tiempo a disfrutarlo, pero, ¿y esa lágrima tonta al irte, y esa sonrisa al mirar atrás por la ventanilla? Lo bueno, si breve, más intenso, más profundo… más adentro.

Lucerna. © Pablo Abad

Lady Madrid no es bonita ni linda. Es guapa porque quiere. Madrid es culta, se ríe, bebe y te gana. Tiene mala reputación, humor verde, negro y arcoíris si hace falta. Madrid te puede y Madrid te mata. Se deja querer por todos, pero no se deja conquistar por cualquiera. Alguno lo intentó a la francesa, y claro, Madrid se levantó, con más ganas que un Domingo de Rastro. Y aunque ya no le queda bien la boina, cuando me voy siempre vuelvo. ¡Cómo tiras pa’ casa, chula! Serán los bares…

Madrid. © Pablo Abad

Te enloquecerán, para mal y para bien, pero al menos sabes que ellas siempre estarán ahí.

Texto: Pablo Abad Fernández / Fotografía: Pablo Abad Fernández / Edición: Ana Asensio /  Escrito originalmente para AAAA magazine / Cita: Pablo Abad Fernández, “Ellas siempre estarán ahí” / Fecha 18 ene 2017