Casas de marca

Ya están aquí, y mucho han tardado, las casas de marca. Hace unos meses paseaba por Torre del Mar, en Málaga (España), cuando me encontré el siguiente anuncio publicitario.

Peregrino e insultante para con sus potenciales clientes. Arquitectura que para comercializarse no promociona su calidad  ni cualidades, sino que el reclamo más apropiado es la marca de su autor (el cual da para varios textos, pero ese no es el tema). Es duro pensar que tras haberse hecho un estudio profesional de mercado se concluyera que lo mejor que se podía decir de estas casas para venderlas era quién las había hecho.

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El parque temático Batlló

Hace unos meses viajé a Barcelona y como buen estudiante de arquitectura planeé la visita lo más intensa y barata posible, siendo esto último lo más difícil.

Me llevé la impresión de que la ciudad tiene una mayor inquietud hacia la cultura que la que conocí en otras ciudades. Y a su vez, una actividad turística desmesurada que pocas veces vi, la cual amenaza con devorar a la propia ciudad. Ambas realidades presentan tanta fuerza que se hace complicado compaginarlas adecuadamente.

Un buen ejemplo de dicha dualidad es la casa Batlló. Fue una sorpresa doble y dispar dadas mis ideas previas sobre la obra y su autor, Antoni Gaudí. Siempre vi la casa demasiado justificada por sus formas alegóricas y simbólicas, pero al visitarla quedé gratamente impactado. En primer lugar me sorprendió la maravilla de la fluidez de sus recorridos, su escala y esos micro-espacios dentro de otras estancias; los colores, el patio de luz y el trasero. El diseño llevado a todas las escalas desde las magníficas estructuras hasta los trabajos más artesanales. Mis prejuicios, alegremente, se vinieron abajo.

La otra sorpresa o decepción surge de la imagen que se ha configurado de Gaudí. Si portaba la idea de Gaudí como un arquitecto anecdótico, la que se muestra es muchísimo mayor. Funciona, en lo relativo a producir ingresos, pues el consumo que genera la casa es impactante.

Que la gestión de la casa Batlló está orientada principalmente a la recaudación queda más que demostrado incluso antes de entrar, al ver cómo está organizada la visita. Sorprenden en la taquilla los distintos tipos de entrada. Puedes elegir desde pagar 5 euros más para no hacer una cola que ellos provocan, hasta pagar 12 euros más por unas pantuflas con su logo y hacer la visita con ellas puestas. Sí, tan simple como eso. También tienes la opción de una visita teatralizada donde “el propio Gaudí” recorre y te explica la casa. Yo opté por la entrada más sencilla y disfruté de un irrisorio descuento para estudiantes de 3 euros sobre un precio de 22’5, con audioguía obligatoria.

Reconozco que dicha organización previa ya me puso nervioso, pero fue en el interior donde de verdad me enojé. Justo en la entrada dan unos cascos y un móvil con la aplicación-audioguía. El funcionamiento es sencillo, al entrar en cada estancia la pantalla del terminal muestra una foto esfera de la misma. Lo cual suena raro, ¿para qué quiero ver en un móvil una recreación 3D de lo que estoy viendo en directo? ¿Qué sentido tiene fijar mis ojos en un móvil en vez de en la casa? Sencillamente porque no puedes ver la habitación debido a la aglomeración de gente. En algún momento decidieron que si no había muebles podría entrar más gente y los quitaron. Así que para que puedas ver la propia casa en la que estás y su mobiliario tienes que moverte mirando la pantallita.
La escena carece de sentido, ir a Barcelona a la casa Batlló, estar dentro y acabar mirando un móvil.

Si por un momento te quitabas los cascos y observabas, la escena era desconcertante. Ver a docenas de personas en silencio, con una pantalla pegada a sus caras y pivotando sobre sí mismas para descubrir qué hay detrás de los demás visitantes.

Continuando con esta dinámica recorres la casa y llegas a la proyección de un vídeo explicativo de la fachada del edificio. Un vídeo que se proyecta sobre una maqueta blanca de la casa y que es una sucesión de las alusiones mitológicas que componen la fachada. Dicho vídeo termina con una batalla entre el dragón y San Jorge, para explicar la cubierta. La victoria se celebra con un despliegue de fuegos artificiales dignos de la introducción de las películas de Disney, para seguir añadiendo más bombo y platillo a la obra.

Esta casa es mucho más que eso, la arquitectura es mucho más que eso. A todas esas intenciones de Gaudí las acompaña un gran trabajo técnico y artesanal que armonizan a la perfección y carecen de sentido por separado. Gaudí fue un gran arquitecto que goza de una simpatía generalizada y su persona es una buena oportunidad para crear puentes entre la isla en la que vivimos los arquitectos y el resto de la sociedad. En vez de focalizarse la parte más rentable se debería transmitir completamente el valor arquitectónico de su obra.

Construir un parque temático y administrarlo como tal, al menos es coherente. Pero gestionar una obra de arquitectura de esta magnitud como un parque temático es un grave error, que daña tanto a su autor como a la arquitectura en general.

Aunque en la Casa Batlló fue especialmente palpable la focalización y distorsión de la imagen de Gaudí es una actividad que afecta a las obras más populares del arquitecto catalán en Barcelona.

Cultura y turismo son sectores que a menudo se solapan y es peligroso que el patrimonio cultural se gestione casi exclusivamente para generar dinero de los turistas. Barcelona empieza a venderse demasiado a sí misma y vende también su cultura. El ejemplo de Gaudí es uno más de los que se pueden encontrar. Hay que saber poner límites a los instrumentos generadores de dinero sobre todo cuando se basan en explotar el patrimonio universal, sea del tipo que sea.

 

Texto: Álvaro Gutiérrez / Edición: Ana Asensio / Fotografía: Álvaro Gutiérrez  / Escrito originalmente para AAAA Magazine /  Fecha 25  jul 2016

Un plano de tu ciudad para colorear.

Un plano revolucionario.

Era 1748 cuando el arquitecto y topógrafo Giambattista Nolli, impulsado por el papa Benedicto XIV, mediante permisos y financiación, publicó ‘NuovaPianta di Roma Data in Luce da Giambattista Nolli l’Anno MDCCXLVIII. Un trabajo de 17 grabados de 81 por 56 cm, de los cuales 12 presentaban, fragmentado, un plano de la ciudad de Roma revolucionario en concepto y ejecución.

12 grabados de la‘NuovaPianta di Roma Data in Luce da GiambattistaNollil’Anno MDCCXLVIII’

12 grabados de la‘NuovaPianta di Roma Data in Luce da GiambattistaNollil’Anno MDCCXLVIII’

He de reconocer que me encanta este plano. Pero no solo por su ejecución material, perfección o el grandioso empeño que supuso, que son admirables. Tampoco por la gran reflexión que trae consigo el considerar la calle, los espacios y edificios públicos de la misma categoría y representarlos consecuentemente, dándoles continuidad total(siendo esta su principal innovación y por lo que es conocido). Me encanta porque cuanto más lo miro más ideas, dudas y sugerencias nacen en mi cabeza, debido a cómo está plasmada la ciudad.

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Ya has estado en este hotel, aunque no has estado en esta ciudad

La historia suele comenzar introduciendo una tarjeta magnética blanca en el lector de una puerta.

Le sigue una luz roja, porque a la primera nunca sale verde.
Aun así, decides probar. Giras la manivela y nada.
Vuelves a meter la tarjeta blanca, esta vez con más paciencia.
Y ahora sí, luz verde.
Abres y entras.

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El rey al que le gustaba ser obedecido

[ARQUITECTURA ante |bajo |con |contra |de |desde |en |hacia |hasta |mediante |para |por |según |sin |sobre UN LUGAR].

rey

El rey al que le gustaba ser obedecido. ‘El Principito’ Antoine de Saint-Exupéry, 1951

Quería releer ‘El Principito’. Ya lo he hecho y, aunque es breve he tardado bastante, pues he ido despacio. Se lo merece.

Durante su viaje por distintos planetas el Principito se encontró con un rey, monarca absoluto universal, al que le gustaba ser obedecido por encima de todas las cosas. Su felicidad estaba condicionada a ello, no importaba tanto la orden como el hecho de ser obedecido. El rey se había dado cuenta de que para ser más obedecido, y por tanto más feliz, sus órdenes debían ser razonables, estar al alcance del súbdito y que éste deseara cumplirlas. Por ejemplo al Principito le ordena bostezar cuando está cansado y quiere bostezar y le ordena irse cuando se quiere marchar. De este modo ambos eran felices: el súbdito por hacer lo que quería y el rey por ser obedecido.

Más allá de las conclusiones que cada uno pueda sacar de este pequeño capítulo para su vida, creo que hay mucha arquitectura que aprender aquí, y en todo el libro en general. Sin tener que izar la bandera del ‘hacer virtud de la necesidad’ veo una invitación a algo más sencillo y en ocasiones ignorado como es ‘hacer virtud de la realidad’. Tomar consciencia de lo que hay y de lo que el proyecto ya es antes de que el arquitecto aparezca y que esto sea herramienta de proyecto.

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