Al otro lado del charco / Oración a mi tierra

Isla del Ermitaño, Lago de Suchitlán, Departamento de Cuscatlán

Isla del Ermitaño, Lago de Suchitlán, Departamento de Cuscatlán. Georgina Alfaro

Nací y crecí en un país pequeñito. De tierras fértiles y negras, donde los árboles frutales echan raíz. Agradecidos van juntando sus ramas, van soltando su gran abrazo, cubriendo de sombras carreteras, pueblitos y veredas.

Crecí viendo la cordillera, al horizonte un mar de cielitos opacos por la distancia. Tierra donde los niños corren calzados y descalzos sobre calles de piedra, calles que en verano se calientan y en invierno se mezclan con lodo trazando al azar riachuelos.  Sigue leyendo

Amor y arquitectura

Encuentros en la tercera frase

Resulta absolutamente asombroso cómo nos podemos situar, a veces, a cotas muy elevadas y encontrarnos a nosotros mismos reflexionando sobre cuestiones relacionadas con la vida, la muerte y nuestro absurdo devenir… en especial durante los terribles meses de trabajo en nuestro proyecto final de carrera.

Sorprende cuando reparamos en los pocos hechos que hacen que todo adquiera un cierto sentido, una cierta lógica y, de repente, nos percatamos de que el magma que lo conecta todo se solidifica finalmente en un genuino sentimiento de amor.

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La arquitectura no quiere adeptos, sino amantes

“Este es mi punto de vista actual sobre la arquitectura que cultivo. Actual porque es de hoy. No sé mañana lo que pensaré. Como arquitecto auténtico que soy y seré hasta mi muerte, no cesaré de darme golpes con las disciplinas en espera del chorro de sangre verde o amarillo que, necesariamente y por fe, habrá mi cuerpo de manar algún día. Todo menos quedarme quieto en la ventana mirando el mismo paisaje. La luz del arquitecto es la contradicción. Desde luego, no he pretendido convencer a nadie… La arquitectura no quiere adeptos, sino amantes. Pone ramas de zarzamora y erizos de vidrio para que se hieran por su amor las manos que la buscan…”

Saenz de Oiza parafraseando a García Lorca

Esto no es un artículo de arquitectura.

Esto no es un artículo de arquitectura. Ni siquiera es un artículo. No es una crítica, ni un ensayo, ni ningún texto divulgativo. No es más que una carta de amor, tristemente, sin destinatario.

Es una carta de amor a quien me enseñó a mirar el mundo desde la ventanilla de una furgoneta, recorriendo países hasta donde el bolsillo llegara. Una carta a quien escribía poesías y canciones en papeles de cuadros, con una caligrafía que ahora se parece a la mía. Esto no son más que palabras, para esa persona que se perdía mirando la sensualidad de un aljibe encalado en Almería, o de la blanca arquitectura de César Manrique.

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