De por qué “espectáculo” no debería rimar con “vernáculo”

Uno de los gestos recurrentes en toda época es mirar hacia atrás para saber cómo seguir hacia delante. Es algo bastante sabio. Sea para copiar a los antiguos, sea para romper totalmente con ellos, los arquitectos siempre han mirado qué les podía enseñar la historia.

En el mundo actual tenemos toneladas de información, avalanchas de ejemplos en los que inspirarnos, testimonios y experiencias variadísimas de cómo afrontar un proyecto “consciente” de su bagaje cultural. Nunca ha sido tan fácil aprender del pasado.

Sin embargo, en la arquitectura, mirar de frente a la tradición es un arma de doble filo, pues tras el análisis viene la propuesta, y es entonces cuando, en muchos casos, acabamos flotando perdidos en algún incómodo lugar entre el pastiche y la nave espacial.

“Hola, soy tu tradición” [Imagen de Archdaily]

“Hola, soy tu tradición” [Imagen de Archdaily]

El primer problema que nos encontramos, más allá de la propia denominación de esta arquitectura popular (debate, por otro lado, que no por frecuente deja de ser interesante), es en qué consiste esa tradición construida. ¿Es la forma resultante? ¿Es el material utilizado? ¿Es la estrategia para resolver los problemas ¿O es el proceso que se sigue para construirla?

No encontraréis en este artículo muchas respuestas a estas preguntas. Soy demasiado joven y poco instruído como para atreverme a definir nada. Pero sí he ido desarrollando una urticaria hacia ciertas maneras que observo a mi alrededor.

Y es que visto cierta tendencia en muchos arquitectos a tomar la tradición, lo popular, como excusa para hacer lo que a sus creativas gónadas les parecía. Esta manera de proyectar caprichosa, en ocasiones también formalista, se limita a reducir la arquitectura popular a un tic, a un gesto absurdo y cada vez más comercial. Atendemos, así, a la banalización y la comercialización de la arquitectura popular, que queda reducida a un argumento puramente retórico.

Esto se puede observar en los proyectos finalistas y ganadores de concursos de arquitectura internacionales: para triunfar lo más importante es vender que te estás inspirando muy muy fuerte en las tradiciones patrias y plantar tu genial idea (obviamente, acompañando espectaculares imágenes de tu proyecto en atardeceres dramáticos con gente felicísima, como bien dijo aquel).

Es fácil: tomas sin demasiada reflexión un elemento propio del lugar al que te diriges, lo explotas hasta la caricatura dándole un giro modernérrimo, y te sientes más regionalista y más crítico que Kenneth Frampton.

Así, tenemos cientos de proyectos en el Lejano Oriente que se limitan a curvar ligeramente los aleros de una finísima cubierta volando sin apoyos sobre su obra. O proyectos en Oriente Medio que recubren su obra con celosías imposibles. A veces no sé cómo el posmodernismo es tan públicamente criticado, cuando todos caemos a menudo en ese populismo tan suyo.

“Ya no se hacen aleros como los de la dinastía Ming” [Imagen de Archdaily]

“Ya no se hacen aleros como los de la dinastía Ming” [Imagen de Archdaily]

Uno de los problemas que observo en esta corriente simplificación de la arquitectura popular es que no tiene en cuenta dos de los factores que, como bien se expresó en este magnífico artículo, mejor la definen: es el resultado de procesos comunitarios y es independiente de los sistemas globales.

La cubierta de aspecto pesado en China, o la enigmática celosía en Irán no son importantes por la forma que tienen, ni por el material de que están hechas, sino por las memorias que evocan en las personas que las observan, que las viven, que no serán las mismas que las de sus vecinos.

En muchas de nuestras sesudas reinterpretaciones olvidamos que lo importante no es la pureza de la idea, sino que la comunidad se sienta identificada con el resultado. Y esto puede ocurrir con un recorrido a través de un edificio, con un olor o un sonido, con un material, con una forma de la cubierta, o con una combinación extremadamente compleja de todo lo anterior. No creo, en todo caso, que un concurso internacional, en el que no hay ningún tipo de diálogo con la comunidad ni de participación de la ciudadanía, sea el ambiente más idóneo para tratar de presumir de renovar la tradición.

Y entonces es cuando dudo de lo que estoy haciendo en esta profesión. No lo diré muy alto por si alguien me ha leído hasta aquí. Dudo mucho. Tengo el gran miedo de caer en esa frivolidad, de separarme de la realidad. De entrar en ese círculo de prácticas que ni siquiera se dan cuenta de lo absurdo de sus planteamientos, porque no se paran a pensar si todo el circo retórico que montan es necesario.

 

Redación: Javier Lamsfus / Edición: Ana Asensio / Fotografía: fuente en el pie de foto / Escrito originalmente para AAAA magazine / Fecha: may 2016

 

 

Legado y manipulación / Memento

Fotograma del film Memento de Christopher Nolan (2000)

Historia de la arquitectura. ¿De qué arquitectura?

¿Podemos confiar en el modo en el que ha llegado a nosotros la herencia arquitectónica?, ¿cómo analizamos, y reconstruimos las lagunas temporales? ¿Cómo recordar, cómo construir la memoria con sólo unos retazos? ¿Cómo hacerlo cuando unos pedazos de la historia de la arquitectura han contado con el beneplácito del valor monumental, mientras que otros han sido dejados de lado? El pasado, presente, y por consiguiente, el futuro de la arquitectura, son una confusión donde unos ganan, y otros desaparecen.

El paso del tiempo es una manipulación.

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Arquitectura Popular / ¿Arquitectura sin arquitectos, vernácula, anónima, espontánea, indígena, rural, tradicional?

¿Por qué hemos adoptado el término arquitectura popular, y no otro, para representar la materialización edificada de los rasgos sociales, económicos, geográficos, culturales, emocionales y sensoriales de una población?

© Ana Asensio Rodríguez

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Mizu

La madera optaba por estremecerse con cada pisada de mis zapatillas, ya gastadas de trenes, barcos y muchas idas y vueltas por aquella tierra. Mientras tanto, mis ojos llenos del rojo y el verde de aquel lugar, se bebían la imagen paralela de aquel universo que reflejaba la superficie turbia del agua. Sobre aquella orilla del fin del mundo, los listones flotaban sobre el agua, cubiertos por dos aleros que iban a apoyar a ese otro mundo de reflejos.

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IFAC: a romance between art and architecture.

© Ana Asensio Rodríguez #IFAC2015

© Ana Asensio Rodríguez #IFAC2015

Article originally written in Spanish for ArchDaily en EspañolAna Asensio Rodríguez shares (now in Archdaily International) her experience at the 2015 edition of  IFAC, reflecting on the powerful intersection of art and architecture, and the collective nature of the event:  

Sometimes you get to meet people who fill you with energy and electricity — fleeting, intense crossroads full of shared views and beautiful ideas. Spontaneous connections, which however tiny, will remain with you for a very long time.

Sometimes, these crossroads are not between people, but between arts, crafts, talents and experiences. Among these intersections is the inevitable attraction between art and architecture: explosive collages, a romance drunk with imagination. And, on very few occasions these two types of crossroads occur at the same time. And in those moments you can only hope that it will happen again.

It’s called IFAC, the International Festival of Art and Construction. It is a 10-day long celebration that brings together more than 300 people from all over the world – creatively restless individuals, who meet somewhere in the European countryside. I felt immeasurably lucky to be one of those 300 people, and so I wanted to share how fascinating IFAC is from the inside.

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