¡Alcalde, todos somos contingentes, pero tú eres necesario!

A los arquitectos (permitidme que me incluya a pesar de no haber acabado aún la carrera) nos duele la boca de decir lo necesarios que somos en la vida de los demás. Lo importante que es que la sociedad tome conciencia de que acudir a un arquitecto para pensar su vivienda es igual de necesario que acudir a un médico para pensar su tratamiento. Pero hagámonos un favor: dejemos la manida metáfora infantil del médico y empecemos a debatir las causas reales de este desprestigio social del que nos quejamos sin parar, y que hace daño tanto a nuestra profesión como a la sociedad en general.

En un artículo recientemente publicado en el blog de la Fundación Arquia, el arquitecto Campo Baeza expresa sus quejas por este menosprecio a nuestra profesión. Si bien estoy de acuerdo con su punto de partida, la manera de enfocarlo y la respuesta que ofrece me han provocado un rechazo profundo. [Nota de los editores: Recomendamos la lectura del artículo citado, junto a esta publicación]

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Un ciudadano anónimo muestra su pasión por el maestro Campo Baeza

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No lo entederás si no vas más despacio

¿Cuánto tiempo le dedicas a ver un proyecto de arquitectura? ¿Y si es en una web? ¿En una revista? ¿Al proyecto de un compañero? ¿Al proyecto de un alumno? Y ¿Cuánto tiempo le dedicas tú a desarrollar tu proyecto? ¿Quién no ha sentido y tenido la plena convicción de que es imposible que se entienda su proyecto en cinco minutos? Seguramente nuestros proyectos no sean ni más ni menos complejos que los de nuestros compañeros y sean igual de dignos. Pero hemos trasladado este ritmo vertiginoso de la sociedad a la arquitectura y se nota.

El tiempo que estimamos que va a ser invertido para ver nuestro proyecto condiciona totalmente la génesis de éste. Tanto es así que en ocasiones los proyectos parece que han olvidado que son proyectos y parecen haber sido creados por y para sí mismos.

Alicia en el País de las Maravillas, Walt Disney, 1951

Alicia en el País de las Maravillas, Walt Disney, 1951

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Arquitectura contra la inmigración / Una semana con Diébédo Francis Kéré

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Saltos y concertinas. El problema de Ceuta y Melilla es de nuevo actualidad, ésta vez en forma de debate acerca de la adecuación de la implantación de concertinas o de los saltos masivos, oleadas y muertes de inmigrantes que se han producido. Esto nos hace encontrarnos de cara a un problema cíclico de difícil solución.

En esta tesitura se cruza una semana de trabajo que dirige Diébédo Francis Kéré (arquitecto original de Gando – Burkina Faso) en la que se diseña un centro para mujeres en su ciudad natal y se intercambian reflexiones, inquietudes, opiniones y formas de pensar y hacer la arquitectura. Y, sorpresa, aparece el origen de la fuerza que empuja el salto.

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Gracia Studio: Arquitectura honesta desde Tijuana y San Diego

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Gracia Studio es la oficina de arquitectura dirigida por Jorge Gracia desde San Diego y Tijuana. Fuertemente influenciado por esta última —su ciudad natal—, Jorge desarrolla una arquitectura sensorial que parece gritar contra la falta de propuestas creativas.

Su filosofía arquitectónica muestra una fuerte honestidad no sólo en cuanto a la obra terminada y a su calidad, sino en cuanto a los procesos y los agentes que intervienen en ellos. De esta manera, genera construcciones de líneas sencillas y un marcado orden compositivo, sumado a una constante experimentación con materiales y técnicas constructivas, siempre resultado de la lectura del paisaje natural o urbano. Parte de una premisa básica: ver las limitaciones económicas como una oportunidad para desarrollar la creatividad y no como un condicionante.

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Pedro Ramírez Vázquez / Vida y Obra

Pedro Ramírez Vázquez nació y murió el mismo día, un 16 de abril. De 1919 a 2013 creció  y se forjó en México DF como uno de los arquitectos más representativos de la arquitectura mexicana. Su obra, plástica y exuberante, de líneas sencillas y ligeras de extrema elegancia, componen hoy un legado, perpetuado en las ciudades, en los estantes de las bibliotecas, y en el recuerdo de las personas.

Arquitecto como herramienta de cambio de la sociedad, y por tanto, de servicio a la misma, forma parte de esa generación de profesionales y artistas, a medio camino entre la ortodoxia de un movimiento moderno latinoamericano, y la libertad de la segunda generación moderna, ansiosa de la búsqueda de formas expresivas, alardes estructuralistas, e integración de las artes.

“Sigo diseñando, construyendo. Estoy vivo y activo”, dijo en una entrevista que le concedió a Excélsior hace dos años. Su nombre puede ahora eternizarse junto al de Eladio Dieste, Oscar Niemeyer, Lina Bo Bardi, Lucio Costa, Félix Candela y Emilio Duhart.

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