Documental: “Habita, relatos de memoria e independencia” / Crowdfunding

Habita: Relatos de memoria e independencia, es un proyecto documental sobre el papel de la conciencia del territorio y la memoria cultural en la construcción de los espacios para la vida, que nace para adentrarse y reflejar la influencia de éstos en el día a día de sus pobladores.

Pensado como una metodología documental y de transmisión, pretende generar una serie con proyección de continuidad en diferentes zonas geográficas, replicable, comenzando con la primera creación documental este otoño que se centrará en el área sur del Perú, especialmente en las comunidades rurales indígenas entre Cusco y el lago Titicaca.

Expresiones materiales como la arquitectura y el artesanado e inmateriales como los cuentos o la música, son fuente y contención de conocimiento colectivo, un lenguaje que escribe la experiencia y el imaginario. Habita busca retomar y evidenciar así las singularidades de los asentamientos humanos que, en su independencia popular, son bastión de vínculos humanos y medioambientales, para activar así una conciencia sobre el contexto local y global, actual y atemporal.

De este modo, la manera de expresar la arquitectura pasa a otro nivel, el relato se hace voz y crea mapa, sitúa las voces de aquellos habitantes de arquitecturas no contadas y las conecta. Habita es un proyecto 100% cooperativo, de manos de un equipo mixto especializado en territorio, arquitectura popular, memoria y habitabilidad; para todos aquellos que desean formar parte de él  y adentrarse por sus vericuetos, ya está disponible la campaña de crowdfunding, gracias a la plataforma para proyectos creativos Verkami.

Sigue leyendo

Arquitecturas en papel / Levantar desde la Acrópolis las manos

Cuando llegó al magnífico palacio de Príamo, provisto de bruñidos pórticos (en él había cincuenta cámaras de pulimentada piedra, seguidas, donde dormían los hijos de Príamo con sus legítimas esposas; y enfrente, dentro del mismo patio, otras doce construidas igualmente con sillares, continuas y techadas, donde se acostaban los yernos de Príamo y sus castas mujeres), le salió al encuentro su alma madre que iba en busca de Laódice, la más hermosa de las princesas; y, asiéndole de la mano, le dijo:

-¡Hijo! ¿Por qué has venido, dejando el áspero combate? Sin duda los aqueos, de aborrecido nombre, deben de estrecharnos, combatiendo alrededor de la ciudad, y tu corazón lo ha impulsado a volver con el fin de levantar desde la acrópolis las manos a Zeus.

 

Fragmento de la Ilíada (CANTO VI Coloquio de Héctor y Andrómaca), de Homero / Seleccionado por AAAA magazine / 

Arquitecturas en papel / Edificios envueltos por las sombras de la noche

Mucho tiempo antes, cuando le auguraban un brillante porvenir, acompañó a su padre al cementerio y de pronto, mientras iba por las obscuras calles, recordó las solemnes palabras que el sacerdote leyó sobre la tumba de su padre: “yo soy la resurrección y la Vida; aquel que cree en Mí, aunque haya muerto vivirá; y el que vive y cree en Mí, no morirá jamás.”

Sydney Carton, mientras en su mente resonaban estas palabras, empezó a pasear por las calles de París. Recorrió primero las más extraviadas, pero luego se dirigió a las más céntricas, cruzándose con la gente que alegremente salía de los teatros y se dirigía a sus casas para olvidar en unas horas de sueño los horrores del día. Más avanzada la noche, se dirigió al río e inclinado sobre la baranda del puente miraba pasar la corriente mientras en su mente resonaban las santas palabras; luego contempló la pintoresca confusión de edificios envueltos por las sombras de la noche, sobre las cuales se elevaba la cúpula de la catedral bañada por la plateada luz de la luna. Por fin llegó el día.

 

Fragmento de Historia de dos ciudades (1859), de Charles Dickens / Seleccionado por AAAA magazine / 

Arquitecturas en papel / Extasiarse

¡Pensar que podría visitar monumentos de verdad conmigo que me he pasado diez años estudiando arquitectura, y que recibo a cada momento súplicas para acompañar, en una visita a Beauvais o a Saint-Loup-de-Naud, a personas de primer orden, sin hacer el menor caso, y que en cambio iría por ella con mucho gusto! ¡Y se va con animales de lo peor, a extasiarse sucesivamente ante las deyecciones de Luis Felipe y de Viollet le Duc! Para eso no hay que ser artista, y no se requiere un olfato especial para no ir a veranear en esas letrinas, como no sea por ganas de oler excrementos…

Fragmento de En busca del tiempo perdido (1913), de Marcel Proust / Seleccionado por AAAA magazine / 

Arquitecturas en papel / Edificios que crecen hasta lo desmesurado

En el ejemplo de esas construcciones fortificadas, siguió más o menos Austerlitz, levantándose de la mesa y echándose la mochila a la espalda, terminando las observaciones que había hecho en el Mercado de los Guantes, se podía ver cómo nosotros, a diferencia de las aves, que durante siglos construyen el mismo nido, tendíamos a proyectar nuestras empresas muy por delante de cualquier límite razonable.

Habría que hacer alguna vez, dijo aún, un catálogo de nuestras construcciones, en el que aparecieran por orden de tamaño, y entonces se comprendería enseguida que las que se situaban por debajo del tamaño normal de la arquitectura doméstica —las cabañas de campo, los refugios de ermitaño, la casita de vigilante de esclusas, el pabellón de hermosas pistas, el pabellón de los niños en el jardín—, eran las que nos ofrecían al menos un vislumbre de paz, mientras que de un edificio gigantesco como, por ejemplo, el Palacio de Justicia de Bruselas en la antigua colina del patíbulo, nadie que estuviera en su sano juicio podría afirmar que le gustase. En el mejor de los casos, se admiraba, y en esa admiración había ya una forma de espanto porque de algún modo sabíamos naturalmente que los edificios que crecen hasta lo desmesurado arrojan ya la sombra de su destrucción y han sido concebidos desde el principio con vistas a su existencia ulterior como ruinas.

Esas frases dichas por Austerlitz cuando casi se estaba yendo seguían estando en mi mente cuando, a la mañana siguiente, con la esperanza de que quizá volviera a aparecer, yo estaba sentado ante un café, en el mismo bistrot del Mercado de los Guantes en el que, la noche anterior, se había despedido sin más.

 

Fragmento de Austerlitz (2001), de W. G. Sebald / Seleccionado por AAAA magazine /