El Arquitecto que asesinó a la Luna

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“Ciruelo en Flor y Luna” Katsushika Hokusai

La creatividad nunca tiene un camino preestablecido. Es un flujo cuyo cauce se adapta a la orografía personal, serpenteando suavemente entre las diferentes ideas y circunstancias del creador, para acabar desembocando en lo creado a través de una herramienta. Estos factores, en su mayoría, no están bajo el control de aquél que crea, ni siquiera esas herramientas, que muchas veces son una simple horma donde encajan los deseos creativos.

Pero vamos a fijar la atención en las circunstancias. Acontecen sin falta, a cada uno de nosotros, y no son más que la confluencia de situaciones azarosas, producto a su vez, de otros cientos de miles de cadenas infinitas de azar (cadenas que mucha gente se obsesiona con llamar destino y son sencillamente historia). Las connotaciones de estas circunstancias azarosas, que condicionan la creatividad, son “grosso modo” y perdón si no me embarro demasiado, positivas o negativas, ya que reportan un beneficio, o una pérdida, generando respuestas emocionales a su alrededor. Por tanto, se puede afirmar que la tranquilidad o la felicidad al igual que el asco, la tristeza o la ira son efecto de las circunstancias vitales que nos acontecen. Así, se constituye por sedimentación esa geología de valles y montañas por los que fluye la creatividad, desembocando en obras.

Entonces, si se puede crear desde circunstancias reales ¿se podría crear desde circunstancias ficticias? La imaginación, la meditación y los sueños son potentísimos catalizadores de experiencias, que aumentan exponencialmente las posibilidades de choques y distorsiones. Estos, son la puerta nuevos caminos, que a su vez provocarán nuevos puntos de partida, abasteciendo a ese río a la hora de crear. Pero, qué sucedería si estas experiencias oníricas nos reportasen vivencias extremas, que la vida diaria no nos permite, por cuestiones morales y/o legales,  acumular entre nuestras experiencias. ¿Qué sucedería tras acumular la vivencia de las perversiones más ocultas, o de los actos más bondadosos?

¿Se podría proyectar una obra desde el asesinato?

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Jaulas

Antigua prisión provincial, A Coruña. © Simita Fernández

Antigua prisión provincial, A Coruña. © Simita Fernández

Estábamos tan concentrados que cuando nos dimos cuenta caminábamos en fila, uno detrás de otro, como si necesitásemos que alguien nos marcase la ruta. Tener a quien seguir. Maniática manía agotadora de almas y zapatos que empezamos a odiar cuando se acabó la senda.

El espacio era finito.

Nuestra vida, rutina disfrazada.

¿Qué se supone que deberíamos haber hecho?

¿Dejarnos morir como un sofá sin patio?

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Cicatrices

La primera vez que te vi estaba todo oscuro, olía a niebla y escama y tú tosías veneno. Era todo confuso, ¿cómo un corazón cansado de cirugías y miedos podía hipnotizarme tanto solo mostrando un trocito de lo que había congelado en el tiempo? Fue verte y amarte.

¿Quién eras? ¿Quién entendía tu tristeza? ¿Quién se había llevado tus puertas? Llorabas colores. Se peleaban tus paredes.

Me preguntaba en silencio si habría alguien más mirando tu venda, si algún día volverías a ser algo más que recuerdos… la vida te hizo vida y te mutiló en secreto, ¿serías capaz de mirarte al espejo?

Hospital de la Santa Creu i Sant Pau, Barcelona | Lluís Domènech i Montaner ®Simita Fernández

Hospital de la Santa Creu i Sant Pau, Barcelona | Lluís Domènech i Montaner ®Simita Fernández

Hospital de la Santa Creu i Sant Pau, Barcelona | Lluís Domènech i Montaner ®Simita Fernández

Hospital de la Santa Creu i Sant Pau, Barcelona | Lluís Domènech i Montaner ®Simita Fernández

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