Arquitecturas en papel / Cómo se debe edificar

—Y ahora, Roark, ¿qué piensas hacer?
—¿Yo?
—Sin darme cuenta me he estado preocupando nada más que de mí mismo. Mamá tiene buenas intenciones, pero me vuelve loco… Bueno, al diablo todo esto. ¿Qué piensas hacer?
—Irme a Nueva York.
—¡Magnífico! ¿Para conseguir un empleo?
—Para conseguir un empleo.
—¿En… en arquitectura?
—En arquitectura, Peter.
—¡Magnífico! Me gusta. ¿Tienes algún proyecto definido?
—Voy a trabajar con Henry Cameron.
—¡No! ¡Howard!
Howard sonrió moviendo apenas las comisuras de los labios y no dijo nada.
—¡Oh, no, Howard! Pero si él no es nada, si ya no es nada… ¡Ya sé que tuvo un nombre, pero ahora está acabado! Nunca consigue una construcción importante, no ha tenido ninguna durante años. Se dice que tiene un basurero por oficina. ¿Qué clase de porvenir te espera con él? ¿Qué aprenderás?
—No mucho; sólo cómo se debe edificar.
—Por el amor de Dios, tú no puedes continuar así, arruinándote deliberadamente. Creía que hoy habías aprendido algo.
—Algo he aprendido.

 

Fragmento de El Manantial (1943), de Ayn Rand / Seleccionado por AAAA magazine / 

Arquitecturas en papel / Un edificio es algo vivo, como un hombre

—Muy bien. —Roark tomó del escritorio una regla larga y se encaminó hacia el cuadro—. ¿Quiere que le diga qué es lo que está podrido aquí?

—¡Es el Partenón! —exclamó el decano.

—¡Sí, que Dios lo condene, el Partenón! Golpeó el cristal del cuadro con la regla.

—Mire —dijo Roark—, ¿para qué están ahí las famosas estrías de las famosas columnas? Para ocultar las junturas de la madera, cuando las columnas se hacían de madera; pero éstas no son de madera son de mármol. Los triglifos ¿qué son? Madera, vigas de madera dispuestas en la misma forma que ellos los colocaban, cuando empezaron a construir chozas de madera. Sus griegos, cuando emplearon el mármol, copiaron sus construcciones de madera, sin razón, porque otros las habían hecho así. Después sus maestros del Renacimiento hicieron copias en yeso de copias de mármol de copias de madera. Ahora estamos aquí nosotros haciendo copias de acero y hormigón de copias de yeso de copias de mármol de copias de madera. ¿Porqué?

El decano, sentado, lo observaba curiosamente. Había algo que lo confundía, no por las palabras de Roark, sino por la forma en que éste las decía.

—¿Reglas? —prosiguió Roark—. Mis reglas son éstas: lo que se puede hacer con un material no debe hacerse jamás con otro. No hay dos materiales que sean iguales. No hay dos lugares en la tierra que sean iguales. No hay dos edificios que tengan el mismo fin. El fin, el lugar, el material determinan la forma. Nada es racional ni hermoso si no está hecho de acuerdo con una idea central, y la idea establece todos los detalles. Un edificio es algo vivo, como un hombre. Su integridad consiste en seguir su propia verdad, su único tema, y servir a su propio y único fin. Un hombre no pide trozos prestados para su cuerpo. Un edificio no pide prestado pedazos para su alma. Su constructor le da un alma, que cada pared, cada ventana, cada escalera expresan.

 

Fragmento de El Manantial (1943), de Ayn Rand / Seleccionado por AAAA magazine /