Documental: “Habita, relatos de memoria e independencia” / Crowdfunding

Habita: Relatos de memoria e independencia, es un proyecto documental sobre el papel de la conciencia del territorio y la memoria cultural en la construcción de los espacios para la vida, que nace para adentrarse y reflejar la influencia de éstos en el día a día de sus pobladores.

Pensado como una metodología documental y de transmisión, pretende generar una serie con proyección de continuidad en diferentes zonas geográficas, replicable, comenzando con la primera creación documental este otoño que se centrará en el área sur del Perú, especialmente en las comunidades rurales indígenas entre Cusco y el lago Titicaca.

Expresiones materiales como la arquitectura y el artesanado e inmateriales como los cuentos o la música, son fuente y contención de conocimiento colectivo, un lenguaje que escribe la experiencia y el imaginario. Habita busca retomar y evidenciar así las singularidades de los asentamientos humanos que, en su independencia popular, son bastión de vínculos humanos y medioambientales, para activar así una conciencia sobre el contexto local y global, actual y atemporal.

De este modo, la manera de expresar la arquitectura pasa a otro nivel, el relato se hace voz y crea mapa, sitúa las voces de aquellos habitantes de arquitecturas no contadas y las conecta. Habita es un proyecto 100% cooperativo, de manos de un equipo mixto especializado en territorio, arquitectura popular, memoria y habitabilidad; para todos aquellos que desean formar parte de él  y adentrarse por sus vericuetos, ya está disponible la campaña de crowdfunding, gracias a la plataforma para proyectos creativos Verkami.

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El cobijo. El mercado, la calle, el descampado.

© Ana Asensio Rodríguez

© Ana Asensio Rodríguez

Viajo. Sola. Muy lejos de casa. Sin nada más que unos cuantos trapos. No salgas del centro, me dicen.  No te metas en barrios, me advierten. No vayas por calles alejadas, tú no eres de aquí.

Es necesario visitar los mercados turísticos. Pasear por sus puestos repletos de cosas maravillosas, brillantes, perfectas. Moverte por ellas preguntando precios, conteniéndote, ajustando el bolsillo. Andar por sus abarrotadas callejuelas admirando a esos turistas rubios que hablan todos los idiomas, que pueden comprarlo todo, que nunca están sucios ni despeinados.

Es necesario, porque llega un día en que, sin prisa, rumbo ni destino (ni compañía), sales a caminar con cualquier autoexcusa, y acabas muy lejos de ahí. Ese día resulta ser un sábado como hoy, día de feria (mercadilllo en nuestro vocabulario). De repente, doblas una esquina y las calles empiezan a estar más y más abarrotadas, las aceras se ocupan y los olores se mezclan.

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