Cine / Michael Mann y la arquitectura como herramienta narrativa

Por Pepe Soriano:

Los años ochenta fueron una década de excesos en el cine durante los cuales el apartado visual fue la niña de los ojos de la industria, eclipsando al resto del producto final, en lugar de potenciarlo. Sin embargo, un director supo manejar de forma sobria los clichés visuales del momento, como los montajes musicales o los filtros saturados, para usarlos como lienzo sobre los que escribir una historia: Michael Mann.

[Fotograma de “Ladrón” (1981)]

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Arte y arquitectura: Historietas / Gonzalo Martínez

© Gonzalo Martínez – Mocha Dick

Los hilos que enganchan a la arquitectura del cómic, y al cómic de la arquitectura, son muchos. Se enredan y hacen una maraña de múltiples colores y puntos de vista. Desde ofrecer la posibilidad de edificar construcciones fantásticas, hasta revisar la memoria de ciudades, paisajes, pueblos, a través de su reconstrucción en el papel. Estos lazos son muy similares a los que conectan el cine con la arquitectura, los videojuegos con la arquitectura, y, en general, cualquier levantamiento escenográfico como arte con la disciplina que nos ocupa.

A veces estas conexiones; construcciones de futuros ficticios, presentes paralelos y pasados imaginados, o de futuros proyectados, presentes críticos y pasados revisados; se hacen mucho más patentes, aunque no menos complejas. A veces, los cómics se llevan al cine, los pintores hacen arquitectura, o los arquitectos dibujan historietas.

Gonzalo Martínez es uno de esos ejemplos, una de esas misceláneas bien enfocada: “arquitecto nacido en Santiago de Chile en 1961, con un oscuro y mediocre pasado como músico de jazz; dibujante y guionista que se incorpora con sus lápices, desde los años ’80 al mundo del cómic”. A continuación, la entrevista que le hemos realizado desde AAAA, así como su biografía y trayectoria completa:

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Arte y arquitectura : Narrativa gráfica de arquitectura /Adrián García de ‘AXXI’

© Adrian Manuel García Montoya [AXXI]

© Adrian Manuel García Montoya [AXXI]

Hay veces que uno tiene la suerte de haber conocido a alguien desde niño. De esa manera, sólo de esa, puedes mirar su esencia, la más arraigada, la más pura, esa que con el paso del tiempo no desaparece, aunque la sucesión de los años te lleve por caminos diferentes.

Hay personas que desde niñas han tenido una manera muy propia de mirar el mundo, de sobrevivir a él, de gritarlo y expresarlo. Esos gritos a veces vienen dados por un lápiz. Esas miradas a veces son la arquitectura.

Adrián M. García era mi compañero de colegio, cuando éramos tan pequeños que ni siquiera recuerdo la edad. Pero lo recuerdo agarrado a un lápiz y un papel, como un náufrago se agarraría a una hoja que guarda agua de lluvia. Yo también dibujaba, por el simple placer de mover la mano y ver los colores y las líneas enredándose en laberintos que se generaban sensualmente, segundo tras segundo, milímetro tras milímetro. Dibujaba sin pensar, mientras miraba los dibujos de Adrián, el niño que ‘también se distraía en el papel’. Él, sus dibujos, eran otra cosa. Él creaba mundos. Narraba historias.

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