Cine / Futuro presente

No pienses. Pensar es el enemigo de la creatividad. El estar consciente y cualquier cosa con consciencia es pésima. No pueden intentar hacer cosas. Simplemente “debes” hacerlas.

Ray Bradbury

Todos pelados, rapados y/o unificados en un mismo look como reos en penitenciaría para evitar el destaque o identificación de algún recluso, porque acá somos todos iguales. Monocromáticos y homogéneos, llevan una especie de mameluco de compañía de limpieza pública, o un extravagante servicio de catering para fiestas. Ya lo destapaba Fritz Lang en Metropolis (1927), donde todos caminábamos al unísono, paso a paso y con el mismo gesto: el de la nada.

Son sólo imágenes. ¿Son sólo imágenes? Las que recibimos durante toda la vida, que indican desde siempre cómo deben ser las cosas. Los medios determinan los caminos a seguir, “ilustrándonos” qué está bien y qué está mal, cooperando a consolidar ese imaginario colectivo que no le es ajeno a nadie. El cine, por su parte, ha contribuido con numerosos casos que intentan diagramar nuestra forma de pensar: generación de ideologías, tendencias y principios. Un machaque incesante y adoctrinador.

Edgar Morin, sociólogo y filósofo francés que estudió a la comunidad por medio de la cinematografía, creó una teoría a partir de analogías en el séptimo arte. Dice que los medios inventan y generan proyecciones masivas, destinadas precisamente a las masas con el fin de que traguen sin masticar y acaten sin cuestionar. Esto lo logra mediante la reiteración interminable, hasta que llega el día que aceptamos esas imágenes como vienen y sin darnos cuenta. De aquí experimenta y desarrolla el concepto de imaginario colectivo: una sucesión de símbolos que se vuelven iconos (o no), formas, mitos y figuras que existen en una sociedad en un momento dado. Ocasionalmente estas formas o figuras son arquitecturas que dominan la escena.

Fotograma de Metropolis

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El Teatro sin teatro

“Lo real era una de las configuraciones del sueño”, Jorge Luis Borges

¿Qué es un lugar de teatro? ¿Es el Teatro el que crea un lugar? ¿O propiciamos  lugares que produzcan teatro? Rimini  Protokol habla de tiempo, de una gran embocadura capaz de abarcar lapsos seleccionados de la realidad y que,  siendo encuadrados en la escena, hacen ver que las preguntas antes lanzadas han sido superadas, sin ser respondidas.

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