Arquitecturas en papel / Otro hotel

“Se sentaron en la terraza del hotel, desde donde se veía un edificio en construcción de más de diez pisos. Otro hotel, le informó la mujer con indiferencia. Algunos obreros, apoyados en las vigas o sentados sobre apilamientos de ladrillos, también los miraban a ellos, o eso fue lo que pensó Fate aunque no había manera de comprobarlo, pues las figuras que se movían en el edificio a medio construir eran demasiado pequeñas.
—Soy, como ya le he dicho, periodista —dijo Guadalupe Roncal—. Trabajo en uno de los grandes periódicos del DF. Y me he alojado en este hotel por miedo”.

9788433973184

 

Fragmento de “2666”, de Roberto Bolaño (2004), seleccionado por AAAA magazine.

Arquitecturas en papel / ¿Formas parte del mobiliario?

© Ana Asensio Rodríguez

© Ana Asensio Rodríguez

“En la habitación del fondo del pasillo (primer piso) había una cama, un armario, dos sillas, una estufa, un pequeño escritorio, una alfombra (azul), dos cuadros idénticos, un lavabo con espejo, un arcón y un niño: sentado en el alféizar de la ventana abierta, de espaldas a la habitación y con las piernas colgando en el vacío.

Bartleboom se hizo notar con un moderado golpe de tos, sin más, por hacer un ruido cualquiera. Nada.

Entró en la habitación, dejó las maletas, se acercó a mirar los cuadros (iguales, increíble), se sentó en la cama, se quitó los zapatos con evidente alivio, se levantó, fue a mirarse al espejo, constató que seguía siendo él (nunca se sabe), dio una ojeada al armario, colgó la capa y después se acercó a la ventana.

-¿Formas parte del mobiliario o estás aquí por casualidad?

El niño no se movió ni un milímetro. Pero respondió.

– Mobiliario.

-Ah.

Bartleboom volvió hacia la cama, se deshizo el nudo de la corbata y se tumbó. Manchas de humedad en el techo, como flores tropicales dibujadas en blanco y negro. Cerró los ojos y se quedó dormido” .

Fragmento de ‘Océano mar’, de Alessandro Baricco (1993) / Fotografía: Ana Asensio Rodríguez

Ya has estado en este hotel, aunque no has estado en esta ciudad

La historia suele comenzar introduciendo una tarjeta magnética blanca en el lector de una puerta.

Le sigue una luz roja, porque a la primera nunca sale verde.
Aun así, decides probar. Giras la manivela y nada.
Vuelves a meter la tarjeta blanca, esta vez con más paciencia.
Y ahora sí, luz verde.
Abres y entras.

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