Literatura, Caligrafía y Arquitectura. Maridajes y adulterios

Detalle de la Puerta del Mihrab, Mezquita de Córdoba. Foto de Archivo

Detalle de la Puerta del Mihrab, Mezquita de Córdoba. Foto de Archivo

La palabra relata una cultura. En esa suma de vocablos y conceptos, perfectamente engranados en el lenguaje mediante la estructura de la gramática, subyacen siglos de evoluciones. Pero no sólo se trata de lo que podemos aprender de su evolución, sino de las pequeñas connotaciones que tiene cada palabra y la relación entre ellas: dobles significados, ambigüedades, rasgos, rechazos o aprobaciones, de una manera tan interiorizada que no podemos controlarla. Conceptos que sólo existen en ciertas culturas, mientras que en otras son ausencias. Sentimientos y necesidades de expresión implícitos en el lenguaje, observados a través de un análisis psicológico y sociológico, nos dicen más de ellas que cualquier análisis técnico o histórico del mismo.

La palabra es, sin duda alguna, un arte: un medio de expresión de una sociedad, no solo consciente, sino inconscientemente.  El medio de expresión más sincero que hay, y al tiempo, más manipulador, donde lo que no te representa, muere, y donde las nuevas necesidades, nacen. Lo que no se puede describir no existe, tal es su poder.

Pero las artes no se pueden analizar de forma aislada. Al igual que tras las diferentes maneras de relacionar la palabra se esconden rasgos culturales, el modo en que se relacionan las artes entre sí, es también narrador de una sociedad.

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Arquitecturas en papel / El palacio de piedra

“Luego se dirigió hacia el otro palacio que estaba a cuatro parasangas, y vio a su alrededor huellas de huertos y jardines. El palacio era de piedra y caliza, y hasta él llegaba el agua del mar. Sobre una de las puertas había una gran piedra, con la siguiente insccripción:

‘Vivimos en este palacio largamente; no tuvimos cuidado, sino placeres y orgías. Teníamos un gran rebaño de cien camellos, que apacentaban en los pastizales nuestros jóvenes nobles. Habitamos este palacio siete épocas, con vida tan feliz que supera cualquier descripción. 

Vinieron luego años de sequía, uno tras otro, y no quedó ni una pezuña’.”

Texto: “Atar Al-Bilad” de Al-Qazwini / Fecha 19 ene 2015 / 

¿Cómo hablan las ciudades?

Existe entre la arquitectura y la estética una inseparable relación, de creación y recreación sin fin, de modo tal que finalmente el mundo estético es también un paisaje. Las formas de las ciudades, su trazado, la topografía de su suelo, los edificios que en ellas se levantan, se muestran como agentes socialmente relevantes, a tal punto que son capaces de participar del proceso creativo que se lleva a cabo en el arte, la música, la literatura, etc.

La mayoría de las veces, dicha relación es asumida de forma inconsciente, a modo de una estructura que está tan arraigada en la ciudad y sus habitantes que estos no logran verla de forma detallada. Por una parte, con ello ignoramos cómo a cada trazado se sigue una forma de creación particular, dada por las sensibilidades e inquietudes que dichas líneas van despertando. Y por otra, olvidamos la capacidad de estos espacios materiales para meterse en nuestra vida, entrelazando el presente y el pasado, haciéndonos visible la vida misma a través de ellos.

Por eso si se quiere saber cómo y por qué se vive y se crea de tal forma, se hace indispensable hacer hablar a las ciudades, a sus fragmentos, calles, objetos, a cada rincón lleno de experiencias retenidas en las edificaciones, y por su puesto observar cómo dichos espacios condicionan dichas experiencias: Lo que acontece, las identidades y sus significaciones.

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