Arquitecturas en papel / Otro hotel

“Se sentaron en la terraza del hotel, desde donde se veía un edificio en construcción de más de diez pisos. Otro hotel, le informó la mujer con indiferencia. Algunos obreros, apoyados en las vigas o sentados sobre apilamientos de ladrillos, también los miraban a ellos, o eso fue lo que pensó Fate aunque no había manera de comprobarlo, pues las figuras que se movían en el edificio a medio construir eran demasiado pequeñas.
—Soy, como ya le he dicho, periodista —dijo Guadalupe Roncal—. Trabajo en uno de los grandes periódicos del DF. Y me he alojado en este hotel por miedo”.

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Fragmento de “2666”, de Roberto Bolaño (2004), seleccionado por AAAA magazine.

Gracia Studio: Arquitectura honesta desde Tijuana y San Diego

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Gracia Studio es la oficina de arquitectura dirigida por Jorge Gracia desde San Diego y Tijuana. Fuertemente influenciado por esta última —su ciudad natal—, Jorge desarrolla una arquitectura sensorial que parece gritar contra la falta de propuestas creativas.

Su filosofía arquitectónica muestra una fuerte honestidad no sólo en cuanto a la obra terminada y a su calidad, sino en cuanto a los procesos y los agentes que intervienen en ellos. De esta manera, genera construcciones de líneas sencillas y un marcado orden compositivo, sumado a una constante experimentación con materiales y técnicas constructivas, siempre resultado de la lectura del paisaje natural o urbano. Parte de una premisa básica: ver las limitaciones económicas como una oportunidad para desarrollar la creatividad y no como un condicionante.

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Pedro Ramírez Vázquez / Vida y Obra

Pedro Ramírez Vázquez nació y murió el mismo día, un 16 de abril. De 1919 a 2013 creció  y se forjó en México DF como uno de los arquitectos más representativos de la arquitectura mexicana. Su obra, plástica y exuberante, de líneas sencillas y ligeras de extrema elegancia, componen hoy un legado, perpetuado en las ciudades, en los estantes de las bibliotecas, y en el recuerdo de las personas.

Arquitecto como herramienta de cambio de la sociedad, y por tanto, de servicio a la misma, forma parte de esa generación de profesionales y artistas, a medio camino entre la ortodoxia de un movimiento moderno latinoamericano, y la libertad de la segunda generación moderna, ansiosa de la búsqueda de formas expresivas, alardes estructuralistas, e integración de las artes.

“Sigo diseñando, construyendo. Estoy vivo y activo”, dijo en una entrevista que le concedió a Excélsior hace dos años. Su nombre puede ahora eternizarse junto al de Eladio Dieste, Oscar Niemeyer, Lina Bo Bardi, Lucio Costa, Félix Candela y Emilio Duhart.

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El discurso de la arquitectura y el arquitecto adorado / Luis Barragán

En muchas ocasiones durante los años universitarios, nos preguntan por nuestro arquitecto predilecto. Durante muchos años me sentí algo frustrada, o tal vez extraña, porque en esas largas clases de Historia y Composición donde seguían insistiendo en el Movimiento Moderno, yo no encontraba ningún maestro que realmente me transmitiese su arquitectura con naturalidad.

Empecé a creer que no se debía recordar al arquitecto, sino a su obra. Me ayudó a convencerme de esta idea el hecho de que mi mala memoria mezcle siempre unos nombres con otros apellidos, los principios de unas palabras con los finales de otras, y demás dislexias que te impiden recitar frases de revistas como si fueran tuyas propias, como hacen otras personas.

De repente, aún bastante niña, apareció ante mi una obra de cuyo autor no me pude olvidar, ni cambiarle el país, ni confundirme en su trayectoria. Una obra que no sólo me hacía leerla desde mi propia subjetividad, como me ocurre normalmente, desde la improvisación que te da la observación y el análisis. Tenía ante mi una obra que realmente quería recitar como una poesía, tenía el nombre de un arquitecto que realmente quería tatuarme bajo la piel: Una arquitectura plenamente contemporánea, donde nada sobraba, donde nada faltaba. Una arquitectura viva, viviente, que bebía del pasado, pero que crecía como un árbol alimentado por un rico sustrato. Una arquitectura colorista, intimista, sensual, sensitiva, sencilla, voluptuosa. Tenía ante mi, a Luis Barragán.

Desde entonces y hasta ahora, hurgo en la vida privada de los arquitectos, estudiados en las escuelas, o no, y trato de mirar su arquitectura a través de ellas. El discurso de su obra adquiere unos matices de cercanía y realidad cuando se escucha a través de los sentimientos, y no las ideologías promulgadas por los libros de crítica arquitectónica. Sin alejarme de las enseñanzas de Barragán, os comparto a continuación un texto que leo de cuando en cuando, y en el que siempre encuentro una identificación mezclada con admiración: su Discurso de agradecimiento tras recibir el PRITZKER DE ARQUITECTURA.

Con este post, comenzamos una nueva sección, llamada “el Ejercicio de la Arquitectura”, donde iremos contando cositas y haciendo repaso de la vida y obra de numerosos profesionales, unos archiconocidos, y otros que deberían aparecer más en la enseñanza de la arquitectura:

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