Arquitecturas en papel / Edificios que crecen hasta lo desmesurado

En el ejemplo de esas construcciones fortificadas, siguió más o menos Austerlitz, levantándose de la mesa y echándose la mochila a la espalda, terminando las observaciones que había hecho en el Mercado de los Guantes, se podía ver cómo nosotros, a diferencia de las aves, que durante siglos construyen el mismo nido, tendíamos a proyectar nuestras empresas muy por delante de cualquier límite razonable.

Habría que hacer alguna vez, dijo aún, un catálogo de nuestras construcciones, en el que aparecieran por orden de tamaño, y entonces se comprendería enseguida que las que se situaban por debajo del tamaño normal de la arquitectura doméstica —las cabañas de campo, los refugios de ermitaño, la casita de vigilante de esclusas, el pabellón de hermosas pistas, el pabellón de los niños en el jardín—, eran las que nos ofrecían al menos un vislumbre de paz, mientras que de un edificio gigantesco como, por ejemplo, el Palacio de Justicia de Bruselas en la antigua colina del patíbulo, nadie que estuviera en su sano juicio podría afirmar que le gustase. En el mejor de los casos, se admiraba, y en esa admiración había ya una forma de espanto porque de algún modo sabíamos naturalmente que los edificios que crecen hasta lo desmesurado arrojan ya la sombra de su destrucción y han sido concebidos desde el principio con vistas a su existencia ulterior como ruinas.

Esas frases dichas por Austerlitz cuando casi se estaba yendo seguían estando en mi mente cuando, a la mañana siguiente, con la esperanza de que quizá volviera a aparecer, yo estaba sentado ante un café, en el mismo bistrot del Mercado de los Guantes en el que, la noche anterior, se había despedido sin más.

 

Fragmento de Austerlitz (2001), de W. G. Sebald / Seleccionado por AAAA magazine / 

Poesía del Abandono / Castillo de Sagunto

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«Cuando se construye un edificio, es todavía libre de servidumbre, tiene un tipo de elevación espiritual – ninguna brizna de hierba puede crecer en su estela. Cuando es terminado y en servicio, se diría que quiere contarle la aventura de su construcción. Pero todas sus partes encerradas entonces en su servidumbre devuelven esta historia poca interesante. Cuando deja de utilizarse y cuando cae en ruinas, entonces reaparece la maravilla de sus comienzos: es bueno verlo enlazado por follaje, de nuevo elevado en espíritu y liberado de servidumbre». Louis I. Kahn, “Architecture: Silence and light”.

Las ruinas siempre han provocado una fascinación irracional sobre el hombre. Símbolos caídos, a veces, de la grandeza de civilizaciones desaparecidas, son lugares propicios al imaginario. ¿Quién de pequeño nunca ha soñado con explorar un castillo abandonado, construyéndose un mundo mental de aventuras?

Las ruinas, reencontradas por los arquitectos durante viajes iniciáticos, desempeñan un papel mayor, aún hoy, en la concepción del pensamiento moderno de la arquitectura. Le Corbusier viajó a Italia, y Kahn penetró en la esencia de la arquitectura observando las sombras de las pirámides. La arquitectura es una cosa mentale.

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Museo busca colección

Hoy en día, parece que únicamente es necesario utilizar los adjetivos ‘democrático’ y/o ‘ecológico’ para demostrar el beneficio de cualquier tipo de actividad o producto.

Si nos trasladamos al mundo de la cultura, vemos que la máxima‘la democratización del arte’ ha dado cobijo a la construcción de incontables museos y centros de interpretación a lo largo de las últimas dos décadas. La avaricia, la envidia y el afán de reconocimiento público han generado infinidad de carcasas icónicas que encierran espacios en hibernación. Lugares donde se suceden salas impersonales a la espera de colecciones dignas que justifiquen una inversión desmesurada.

En muchos casos, el museo del siglo XXI ha dejado de ser una institución dedicada a la adquisición, conservación y exposición de obras artísticas, para convertirse en un excelente receptor de masas. Se entiende como icono arquitectónico antes que como centro de culto de la Historia del Arte. La pregunta es, ¿por qué el museo se ha convertido en una perfecta máquina facturación?

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