Arquitectura sanadora / El Jardín-hospital que ayuda a curar a los pacientes

En muchas ocasiones me he preguntado sobre la relación entre la arquitectura y el comportamiento de sus usuarios, y si existe alguna relación directa entre la morfología del espacio y cómo nos desenvolvemos en el entorno que ésta propone.

Durante la carrera, pocas fueron las veces que salieron temas relacionados con esto que hoy llaman “neuro-arquitectura”, y no ha sido hasta ahora, embarcada en el apasionante mundo de la investigación, cuando he podido ahondar en tan maravilloso campo.

Hace unos meses comencé a leer sobre el Prouty Garden del Hospital Infantil de Boston, un sitio del que científicos de distintas disciplinas afirman que ayuda a curar a los peques que lo visitan: un claro ejemplo de este vínculo entre neurociencia y arquitectura (del paisaje en este caso).

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¡Este sitio agobia! / Arquitectura y Neurociencia

¿Alguna vez has cenado en un restaurante en el que tienes que hablar a gritos para que la persona que está sentada a menos de un metro de ti te pase la ensalada?

Son muchas las veces que, en espacios públicos, habitualmente cerrados, tenemos que modificar nuestro comportamiento habitual por las condiciones espaciales. Si en el proceso del diseño del restaurante se tuviesen en cuenta las cualidades acústicas del espacio, por ejemplo, colocando algún material absorbente en el techo (como una tela o material poroso, a poder ser, perforado) no haría falta elevar el volumen de la voz para dirigirse a los comensales que nos acompañen.

Restaurante Yakitoro, Calle Reina 41, Madrid Estudio Picado de Blas, 2014. Perfecto ejemplo de acondicionamiento acústico.

Restaurante Yakitoro, Calle Reina 41, Madrid Estudio Picado de Blas, 2014. Perfecto ejemplo de acondicionamiento acústico.

Una explicación más sólida del suceso del restaurante, comienza por comprender que la respuesta que los humanos mostramos hacia la arquitectura se asienta generalmente sobre emociones a priori subjetivas como “Me gusta este espacio porque es muy amplio”, o “No me gusta esta oficina porque no tiene luz natural”. Pero detrás de estas respuestas emocionales hay una base científica que las explica. Varios equipos de neurocientíficos han demostrado que en el momento en el que nos adentramos en un espacio se desencadenan una serie de actividades en nuestro cerebro que afectan a nuestras emociones, nuestra salud e incluso al desarrollo de nuestra memoria.

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