Esquizoanálisis, o cómo La Movida conquistó su espacio.

Arde la calle al sol del poniente. Hay tribus ocultas cerca del río esperando a que caiga la noche. Hace falta valor.

“Hace falta valor”, le susurraba Eloise a su noviete Tino, quien por aquel entonces aún se peinaba con la raya al lado y la dejaba en casa a las siete de la tarde para ir a misa. La misma provocación parecía flotar en la cargada atmósfera de aquel verano madrileño de 1975. Al aspirar el aire de la gran ciudad, algo parecía quemar en las fosas nasales, creando una sensación de malestar inconformista mezclado con extraña adrenalina. Meses después habría un cambio de aires.

La escena del Manzanares a través de la ventana, el recuerdo del idilio veraniego y el estallido del obús mediático que supuso la noticia de “españoles, Franco ha muerto”, se diluyeron en un cóctel de neón, lycra y celofán, del que no sólo bebió la moda o la música, sino que (una vez derramado el vaso del exceso) bañó las gargantas sedientas de todo un movimiento artístico generacional. Todos a la de una Fuenteovejuna, salieron a quemar las calles de Madrid, raudos y alocados como el cervatillo que, poco después de nacer, persigue dando saltos a su madre a la fuga. Una juventud europea que ya había experimentado su (r)evolución.

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Arte y Arquitectura: El trabajo de Cole Gerst “Buckminster Fuller. Poet of Geometry”

A todos nos provocan fascinación las cúpulas geodésicas. Estos poliedros generados a partir de los sólidos platónicos adquieren una imagen ingrávida, casi suspendida en el aire y el tiempo. Se relacionan íntimamente la geometría sagrada al constituirse por pentágonos, figura cargada de simbología.

A pesar de su apariencia futurista, las primeras cúpulas geodésicas datan del siglo XIX, como constata el ejemplo que encontramos en el Palacio Imperial de China en la Ciudad Prohibida de Beijing. Pero el padre por antonomasia de este tipo de estructuras siempre será Richard Buckminster Fuller, al cual se le concede su patente en 1954 después de décadas de investigación sobre los principios de su construcción. Este arquitecto americano, teórico, escritor y autor de más de 30 libros, diseñador e inventor, logró deslumbrar al mundo con su gigantesca cúpula de 76 metros de diámetro para la Exposición Internacional de Montreal.

Hoy, el escritor y diseñador Cole Gerst, celebra su admiración hacia esta mente desbordada, trayéndonos a todo color su obra, y dotando a esas fotografías en blanco y negro de siempre, del carácter futurista que el inventor americano merece.

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