Problemas para ir al baño

Imagen extraída del banco fotográfico de WSUP. Picture WSUP copyright

En los países occidentales el acceso a un inodoro, un baño o una ducha es algo cotidiano. Si tenemos una urgencia o pasamos horas fuera de casa contamos con baños en restaurantes, oficinas, edificios públicos o centros comerciales. Allí los baños son espacios limpios que tienen instalaciones, saneamiento y agua corriente que nos permiten disfrutar de unos mínimos de salubridad, buen olor y condiciones de seguridad a través de una puerta y un pestillo.

Lamentablemente en otros muchos países no es así. Sabemos que 1 de cada 3 habitantes del planeta no dispone de condiciones adecuadas de saneamiento, acceso a un baño o agua corriente. Más de 2.500 millones de personas no cuentan con construcciones específicas o mínimamente dignas para esta necesidad diaria. Según el informe de Agua, Higiene y Salud de la OMS/UNICEF, 1100 millones de personas en el mundo tienen que practicar la defecación al aire libre al no tener acceso a un sistema de saneamiento (mejorado). No estamos hablando de una cuestión de simple comodidad, ya que este servicio básico es un tema tan importante que la ONU ha declarado que el Derecho al Agua Potable y Saneamiento sea un Derecho Humano Universal y que cuenta cada 19 de noviembre, con el Día Mundial del Inodoro para denunciar lo lejos que estamos de conseguirlo.

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Arquitecturas en papel / La Chanca

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© Carlos Pérez Seiquer

“El sol parece tintarse de rojo y la fauna del barrio se multiplica. La Chanca se despereza lentamente, aturdida todavía por el calor. Los pájaros revolean sobre los torreones de la Alcazaba y los vecinos invaden las calles y se comunican a gritos.

Mi amigo y yo bajamos la pendiente a trancos y, en la torrentera, el bullicio de un zoco improvisado evoca al de cualquier pueblo de Almería. […] Cerca de nosotros, dos hombres preparan la lechada para blanquear los muros de una casuca de adobes y el Luiso se detiene a hablar con ellos.

-Éste es un amigo que ha llegado de Francia -explica.

Los albañiles me dan la mano y me contemplan con envidia y curiosidad”.

 

Texto: Fragmento de “La Chanca” de Juan Goytisolo (1962) / Fotografía: Imagen de la portada de la edición de 1981 de la editorial Seix Barral, fotografía de Carlos Pérez Seiquer

La ciudad sin nombre

© Daniel Natoli - Edificaciones improvisadas. Tomada con una Diana F+ con un acople trasero para Polaroid.

© Daniel Natoli – Edificaciones improvisadas. Tomada con una Diana F+ con un acople trasero para Polaroid.

La ciudad sin nombre es aquella que surge en los márgenes de la globalidad, en los suburbios de las grandes capitales expoliadas, en las naciones productivas, en los pueblos que exportan a precio irrisorio y que, por el contrario, importan demasiado poco.

La ciudad sin nombre se compone de casas a medio construir que se extienden hasta donde alcanza la vista; llanuras y lomas atiborradas de edificaciones improvisadas, a menudo de bloques de hormigón, ladrillos o adobe, que echan en falta algún tipo de decoro en su fachada que revista sus carencias. Son viviendas desnudas, tan transparentes como los rostros de quienes las habitan, tan austeras como la propia comida que allá dentro se cocina.

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