Arte e Arquitetura: Cityscapes / Tim Jarosz

Há cidades que contaminam nossos sonhos. Retalhos de memórias de infância; breves cenas em um piscar de olhos no dia-a-dia, como um haiku, durante a rotina mais densa; desejos de permanecer para sempre entre seus meandros, ou de voar longe deles, deixando para trás suas valas metálicas, seus edifícios fissurados, seus muros e ruas que se transformam desde que nasceram. Cenas que te perseguem, esteja onde estiver, invadindo o subconsciente, lembrando-te de onde é.

A cidade natal, com todos seus significados, está enlaçada ao indivíduo tanto que seu perfil, seus cheiros, seus crepúsculos, são parte da nossa mais profunda percepção daquilo que nos rodeia, fazendo com que vejamos o mundo através dela; através de como a sentimos, como a lembramos, a sonhamos; a ela, nossa cidade.

Lê-se este sentimento na obra do americano Tim Jarosz, que cria fantásticas paisagens urbanas com fotografia, colagem e modificação digital das cores e texturas. Este fotógrafo e digner gráfico procedente de Chicago expressa em suas imagens uma inexistente e nova Chicago, viva só em seu imaginário.

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Where is your playground?

  Arthur Leipzig: Niños jugando con tiza en Prospect Place, Brooklyn, NYC. 1950

Arthur Leipzig: Niños jugando con tiza en Prospect Place, Brooklyn, NYC. 1950

Recuerdo con cariño el parque que estaba al lado de mi colegio, en la pequeña ciudad en la que crecí. En este parque había una zona con columpios de madera; el más concurrido era una gran tabla hincada la arena a 45º, con agujeros de diferentes formas y tamaños. Varias lamas de madera nos ayudaban para poder escalar la tabla.

Cada niño lo utilizaba a su antojo, pero jugábamos todos juntos: a ver quién llegaba a la esquina de la tabla que volaba sobre el suelo, a colgarnos boca-abajo desde los agujeros, al clásico pilla-pilla pero sobre la tabla (el que salía de la tabla perdía) … Sólo se dejaba de jugar para beber un poco de agua. Éste era el parque de los que vivíamos cerca del cole. Íbamos todas las tardes de la semana.

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Y comprarse un edificio en Nueva York

George Maciunas en 1968, dibujo © Nuria Prieto, 2015.

George Maciunas en 1968, dibujo © Nuria Prieto, 2015.

No lo es, no es fácil apenas intentar crear algo hoy en día. Comenzar una actividad creativa obliga  a hacer adulteces (1) como decía Mafalda, llegando a olvidar a veces la esencia de qué hacer y por qué hacer. Tomando perspectiva y olvidando por un momento las adulteces a las que todos tenemos que responder, la idea de realizar un trabajo creativo es una iniciativa que muchas veces se ve truncada por la ausencia de medios, de un espacio, o de un canal de difusión. En el mundo actual, mediatizado y competitivo, apenas se distingue una buena idea de una que hace mucho ruido. Nuestro hábitat, nuestro tejido urbano, nuestra ciudad, es ese mundo en que las ideas surgen como pequeñas chispas.

La ciudad, sin embargo, es un tejido difuso. En los muchos intentos por analizarla, sistematizarla y descomponerla, las interacciones que se producen entre los diferentes parámetros de análisis recrean tantas relaciones y enlaces que no es posible tener un modelo limpio y aislado. Es una constelación tintineante y multicolor en la que pueden apreciarse dinámicas que ni siquiera son constantes en el tiempo.  Contemplando esta abstracción de ciudad, quizás es más bonito ver las luces, pero hay zonas apagadas, oscuras, que no siempre lo fueron.  Como escribía Rafael Alberti: “Dio su revés la luz. Y nació el negro” (2).

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